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- ¿No es...excesivo?

- Puede que en tu regimiento os entrenáseis con cuchillos de goma y balas de simulación, pero esto es distinto- Siguió explicando la coronel Eneria Bae, molesta por la interrupción- Bien, como estaba diciendo, el rifle emite una señal que activará los sensores que tienen estos monos de entrenamiento, y un emisor de voltaje situado en la zona acertada os dará una descarga para avisaros del impacto- Bae señalaba los receptores y emisores de voltaje de su mono mientras daba su explicación- Depende de la zona, la descarga será mayor o menor y más larga o más corta. Un impacto en un órgano vital hará que todos vuestros emisores se activen a la vez, haciendo que os desmayéis- Señaló los pequeños emisores, blancos y cúbicos, repartidos por las piernas, brazos, tronco y espalda.

Los casi veinte reclutas, enfundados también en los monos de entrenamiento negros, asintieron para dar a entender que habían comprendido la explicación. Algunos estaban inquietos o pálidos: ninguno quería sufrir una descarga que los desmayase. Eneria asintió y se puso la capucha del mono, que también tenía un emisor de corriente en la frente. Señaló a uno de los sangre nuevas y puso las manos tras la espalda.

- Hagamos una prueba- Dijo- Danherr, dispáreme.

Tristán desplazó su peso de un pie a otro, intranquilo. Pulsó el botón del rifle que activaba el emisor de señales y centró la mira láser sobre la coronel. El arma, de un color negro mate y forma similar a un compacto y ligero subfusil Creed-9, emitió un zumbido cuando su batería se encendió. Tistán acarició el gatillo y se mordió el labio inferior, sudando. Al menos en su regimiento, disparar a un oficial no estaba muy bien visto, que pudiera decirse. 

Pero antes de disparar, un doloroso calambre se apoderó de su muslo derecho. Ahogó un grito de sorpresa, más que de dolor, y quedó hincado de rodillas durante varios segundos. Eneria había desenfundado la pistola que llevaba sujeta a la parte trasera de su cadera y le había disparado antes de que pudiera reaccionar.

- Esto es por interrumpirme antes, Danherr- Dijo mientras devolvía el arma a su funda. Los otros rieron frente a la reacción de la coronel- Bueno, ya habéis visto como funciona esto. Ahora quiero equipos de tres, y en cinco minutos empezará el entrenamiento. Cada equipo recibirá una transmisión codificada en frecuencia SICOM, y ése será el lugar donde debe colocarse antes de que empiece la práctica. El equipo que no esté en su puesto para cuando todo empiece, estará eliminado y sus raciones de hoy se verán limitadas a una barrita energética y dos litros de agua- Armó su propio rifle y comprobó que tenía batería- Yo participaré por mi cuenta, y si gano, el racionamiento de alimentos previamente mencionado será aplicado a todo el destacamento.

Todos contuvieron el aliento. ¿Ganar en una simulación de combate a la coronel Eneria Bae? Un desánimo colectivo inundó a todo el grupo. La coronel entró al gran pabellón donde se reconstruía un escenario de combate urbano, y cuando las puertas se cerraron tras de sí, los reclutas se apresuraron a organizar los grupos.

Tristán se masajeó el muslo, aún dolorido, y miró a la mujer que tenía al lado. Ella, de piel morena surcada en algunos puntos por finas líneas de un color más claro, también le estaba mirando. Tristán hizo un gesto ``Juntos, ¿No?``. Ella asintió ``Tú qué crees´´. Miraron alrededor, les faltaba uno. El resto ya se habían agrupado, y la mayoría estaba entrando en el pabellón, pero un hombre alto y fornido, con rastas castañas asomando por los bordes de la ajustada capucha se les acercó. 

- El destino ha hablado- Sonrió él. Su acento era extraño, y Tristán lo identificó como un skiano.

- Supongo- Tristán se encogió de hombros y le estrechó la mano- ¿Puedes decirme tu nombre? Llevamos tres meses juntos mientras viajábamos aquí, pero nunca coincidimos demasiado en la nave de carga.

El skiano sonrió de nuevo y apretó con fuerza su mano.

- Llamadme K'nata. Sargento de unidad en el 101º Skiano...hasta que me reclutó el SICOM.

- Tristán Danherr, cabo primero en el 712º de granaderos nametherianos- Respondió él.

La mujer le dio la mano también.

- Nyria, más de lo mismo- Dijo, secamente.

Las pequeñas placas de datos que llevaban sujetas al interior de sus antebrazos derechos parpadearon, y una serie de runas aparecieron en ellas.

- El mensaje cifrado- Adivinó K'nata- No sé qué significa.

- Yo tampoco- Admitió la mujer.

- Quizá tengamos que meter estos datos en el mapa- Propuso Tristán- ¿Os habéis fijado queal activar el mapa aparecía una cuadrícula en la esquina inferior derecha? Quizá sea eso.

Se encogieron de hombros casi al unísono. Podía funcionar. Abrieron los mapas en sus placas de datos e introdujeron los datos en la cuadrícula. Un marcador en forma de calavera con dos cuchillos kukri cruzados tras de sí apareció en un punto del campo de batalla simulado.

- Debe ser aquí- Adujo K'nata, y le dio una palmada en el hombro a Tristán- Bien hecho, camarada.

- Ha debido ser un momento de claridad- Dijo él mientras se ponían en marcha- Démonos prisa, tenemos dos minutos para llegar ahí o estaremos a base de barritas energéticas y agua todo el día.

- Todo el destacamento lo va a estar- Resopló Nyria tras cruzar la puerta- Nos va a dar igual encontrar el sitio o no.

Los tres se miraron y asintieron sombríamente. El futuro de aquel entrenamiento no era muy prometedor.

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Habían corrido todo lo rápido que sus piernas les permitieron, y llegaron a su punto de salida dos segundos antes de que el entrenamiento comenzara. Jadeando y resoplando, se dejaron caer en el rococemento destrozado que cubría el suelo junto a las baldosas hechas añicos para estudiar la zona. Un conjunto de tiendas y casas les impedía ver más allá de cien metros, pero no tardaron en oír los chasquidos crepitantes de los emisores de electricidad al soltar una descarga sobre algún pobre desafortunado.

- Vale, necesitamos un plan de acción- Murmuró Tristán mientras los tres avanzaban agachados por los restos de una casa.

- El mapa marca una gran zona casi sin cobertura en el centro del pabellón- K'nata señaló un punto en el mapa de la placa de datos- Será mejor que no pasemos por aquí. Apuesto lo que queráis a que unos cuantos equipos se habrán colocado en los edificios circundantes para acechar a los que pasen por esa zona sin cobertura.

- Sí, es lo que yo haría- Asintió Nyria.

El grupo se detuvo al oír unos susurros en la calle, y se ocultaron con rapidez tras las paredes que tenían al lado. Uno de los grupos caminaba por la calle en dirección a la casa. Estaban agachadas y apuntaban a todos lados con sus rifles, atentos al más mínimo movimiento. Tristán supuso que eran amazonas. El SICOM había reclutado a seis durante la campaña de recuperación de Khopesh, junto a Tristán, Nyria, K'nata y los otros. Combatían de manera violenta pero disciplinada, y cualquiera de ellas era más ágil y veloz que Tristán o K'nata. Nyria quizá podía competir con ellas, pero no había una vencedora clara.

-¿Qué hacemos ahora? Están viniendo hacia aquí- Murmuró Tristán.

- Dejemos que entren- Nyria desenfundó la vara eléctrica que se les había entregado a modo de arma cuerpo a cuerpo- Las pillamos por sorpresa y las dejamos fuera de combate. Fácil.

- Decirlo es fácil- Refunfuñó K'nata con un hilo de voz- Atención...ya vienen.

El trío de amazonas se quedó silenciosamente a la entrada de la casa. Se desplegaron en formación de cuña y barrieron la sala con la mirada. Una de ellas hizo gestos para que sus compañeras la cubrieran, y ruzó la pared echada abajo con paso lento y liviano. Pasó al lado de Tristán, y no se dio cuenta de que estaba ahí hasta que él rodeó su cuello con el antebrazo izquierdo y la puso delante de sí para usarla como escudo humano. La amazona se removía e intentaba zafarse. No sólo era rápida, si no también bastante fuerte. Tristán tuvo que hacer un buen esfuerzo para que no se le escapase. 

- ¡Vamos!- K'nata se asomó por la puerta de la casa, a cinco metros de las amazonas, y disparó de rodillas.

El emisor de descargas de la amazona más próxima se activó con una luz roja y un pequeño relámpago recorrió su pierna izquierda. Soltó un grito ahogado, pero se mantuvo en pie y se giró hacia el skiano. Él reaccionó con rapidez y apretó el gatillo de nuevo, apuntando a su pecho ésta vez. Una nueva descarga sacudió todo el cuerpo de la amazona, que se convulsionó y cayó de bruces contra el suelo, inconsciente. 

Tristán asomó su pistola por encima de su escudo humano y disparó casi a ciegas. No oyó el crepitar de la electricidad y siguió disparando. La amazona que sostenía se inclinó hacia delante y le dio un cabezazo en la cara. Aturdido, la soltó mientras trastabillaba hacia atrás, con el mentón dolorido. Ella sacó la vara eléctrica de la funda de plástico rígido en su muslo izquierdo y lanzó un golpe horizontal dirigido a su cuello. Tristán se dejó caer hacia atrás para esquivar el golpe, que dejó un brillante arco de luz azulada a su paso. Se golpeó con fuerza la espalda y gruñó. La amazona no tardó en reaccionar, y lo encaró con su rifle. Tristán echó mano de su pistola y disparó tres veces en rápida sucesión. Mientras elevaba su rifle, la amazona se sacudió de arriba abajo cuando un arqueado relámpago subió desde sus tobillos hasta su cabeza. Dio un par de pasos lentamente hacia atrás y cayó de lado, con una delgada columna de humo saliéndole de la boca abierta.

Mientras se levantaba, oyó una serie de golpes y chasquidos eléctricos. Frente a la puerta, Nyria y la otra amazona se estaban batiendo en un intenso duelo con sus varas eléctricas. Nyria efectuó un golpe vertical, sobre la cabeza de su contrincante, que bloqueó el ataque con su arma. Pero no pudo bloquear el rodillazo que se le vino encima, y se dobló de dolor cuando el impacto le alcanzó el vientre. Exhaló explosivamente y fue derribada de un golpe en el mentón. Su cara se vio súbitamente rodeada de zarcilos eléctricos durante un segundo y se quedó en el suelo, con los ojos en blanco y la boca abierta. 

- No ha estado mal- Comentó Nyria mientras apagaba el generador de la vara eléctrica- Pensé que iban a destrozarnos.

- Y yo, si te soy sincero- Admitió Tristán, tocándose la mandíbula, dolorida.

- Bueno- K'nata se desperezó- Con estas ya son tres menos. Me pregunto cuántos más habrán sido eliminados.

- No sé si quiero saberlo- Murmuró Tristán mientras ocultaban los cuerpos tras un montón de escombros.

- Amén- Corroboró Nyria.

En dos minutos cubrieron el espacio que los separaba de la plaza central. Habían oído de vez en cuando chasquidos de descargas eléctricas, pero no se habían molestado en buscar el origen. Llegaron a una réplica de una oficina del Administratum acribillada de boquetes y marcas de bala y corrieron a su interior. Mientras K'nata observaba la zona con sus prismáticos, Tristán se dejó llevar momentáneamente por sus pensamientos. 

Estaban enfrentando a efectivos de diferentes regimientos, con diferentes orígenes y culturas...y distintas maneras de hacer la guerra. Por lo que sabía, todos ellos estaban entrenados en combates urbanos, pero había tantos factores que podían condicionar al vencedor que nisiquiera quería pensar en ello. Acababan de enfrentarse a las amazonas, violentas y disciplinadas. Les había costado deshacerse de ellas, y no quería ni pensar en los problemas que les podrían causar los tres unkai, que eran especialistas en combate mano a mano y en luchas a distancias cortas y espacios cerrados. El único skiano era K'nata, y había demostrado ser un excelente explorador y tirador. Los otros pertenecían a regimientos de infantería regular y mecanizada, pero no sabía exactamente a cuáles.  

- Bueno- Pensó- Al fin y al cabo el SICOM nos ha reclutado por algo. No podemos esperar derrotar fácilmente a los otros. 

K'nata hizo un sonido para llamar la atención del resto del grupo y señaló hacia un punto enfrente de ellos, a unos trescientos metros.

- No os perdáis esto- Dijo- Parece que la coronel está acechando a los unkai.

Nyria y Tristán se apresuraron a enfocar la zona con sus prismáticos. Al principio sólo vieron a los unkai avanzar cautelosamente por la calle, pero a los pocos segundos vieron a la coronel Bae persiguiéndolos en absoluto silencio por los tejados de las casas de dos pisos que había a cada lado de la calle. Observaron la escena con expectación durante dos minutos, hasta que Eneria los adelantó y esperó acuclillada hasta que pasaran por delante de ella. Saltó, cayendo sobre el que iba en cabeza y golpeándolo contra el suelo con fuerza. El unkai gritó cuando se le rompieron las costillas y quedó tendido en el suelo, sujetándose el torso.

Antes de que sus dos compañeros pudieran reaccionar, Eneria agarró por el mentón al que más cerca tenía, y, mediante una llave, lo lanzó por encima de sus hombros y disparó contra él mientras aún estaba en el aire. La descarga eléctrica sacudió el cuerpo del unkai, y ya estaba inconsciente para cuando tocó el suelo con un golpe sordo y fuerte.

El que aún estaba en pie practicó un golpe veloz y preciso dirigido a la zona alta del pecho de Eneria, que no sólo lo esquivó por poco, sino que además agarró su antebrazo con la mano izquierda, le dio la vuelta con un poderoso tirón y lo envió al suelo de una patada en la espalda. El hombre se recuperó rápidamente y rodó para después ponerse en pie de un salto. Levantó su rifle y se topó con una patada en la cara. Trastabilló hacia atrás y Eneria aprovechó para eliminarlo con un disparo de su pistola. Mientras el cuerpo inconsciente caía de espaldas con la cabeza crepitante de electricidad estática, la coronel disparó al que había dejado en el suelo con las costillas rotas, que se había dado al vuelta y la apuntaba con su propia pistola.

- Joder- Soltó Nyria por lo bajo- Son duros los cabrones.

Antes de que Tristán respondiera, Eneria ya había desaparecido por una de las calles.

- Es demasiado rápida- Dijo Tristán, que había estado aguantando la respiración- Y no se contendrá si tiene que rompernos algo.

- Pues claro, ¿Dónde te creías que estamos?- Sonrió K'nata.

Tristán se volvió para responder, pero el skiano cayó de espaldas de repente, presa de violentos espasmos, con los ojos en blanco y un grito ahogado en los labios. Antes de que la espalda de K'nata hubiera tocado el suelo, Tristán había localizado a dos contrincantes en una puerta a su derecha, y a otro más en un hueco en la pared a la izquierda. Les estaban apuntando con sus rifles. 

- ¡Nyria!- Exclamó, levantando su propio arma.

- ¡Ya lo sé!- Replicó ella, apretando el gatillo de su rifle. El que se había acercado por el hueco en la pared cayó de rodillas con un gruñido.

Tristán abrió fuego y el brazo de su objetivo se sacudió, envuelto en electrididad. Su propietario gritó y se llevó la mano libre a la zona afectada. El otro cayó al suelo de bruces cuando una figura alta y endemoniadamente veloz se lanzó sobre él desde detrás. 

- ¡Eneria!- Gritó, y le dio una palmada en la espalda a Nyria antes de levantarse a toda velocidad y salir corriendo de la oficina del Administratum. Mientras salía, oyó el chisporroteo de la electricidad.

- ¿Cómo ha llegado tan rápido?- Protestó ella mientras lo alcanzaba. 

Una rápida sucesión de pasos, mucho más veloces que los suyos, repiqueteó sobre las baldosas del suelo detrás de ellos. Se volvieron casi al unísono con los rifles en alto, sudando por los nervios y con el pulso agitado por la carrera y la sorpresa. En el centro de sus miras apareció la coronel Eneria, a apenas veinte metros, corriendo a gran velocidad con el rifle en ristre. 

- ¡Dale duro!- Tristán disparó en automático y Nyria lo imitó.

Esperaron a oír el crepitar de la descarga eléctrica, pero nunca llegó. Lo que si oyeron fue el rugido de un fogonazo que elevó a Eneria varios metros sobre el suelo, avanzando a gran velocidad hacia ellos. 

- ¡Tiene una mochila de impulsos!- Bramó Nyria, disparando.

Eneria acortó distancias en un par de segundos, disparando mientras estaba en el aire. Los receptores de las piernas de Nyria captaron la señal del rifle de Eneria y le dieron una descarga eléctrica que la dejó de rodillas. Aguantó un grito de dolor y levantó su arma con una sola mano cuando un nuevo disparo acertó en su hombro derecho y se lo inmovilizó con la posterior descarga. Nyria apretó el gatillo, apuntando a Eneria, pero ella acababa de aterrizar. De rodillas, con los servos que tenía acoplados a las piernas y la parte baja del torso para no sufrir daños al aterrizar chirriando, derribó a la mujer de un golpe oblicuo en la mandíbula con su vara de energía. Nyria se quedó de rodillas, inconsciente, con el torso inclinado hacia atrás. 

Tristán giró su arma para encarar a Eneria, que se había levantado. Apretó el gatillo, y una potente patada le arrancó el rifle de las manos y lo envió varios metros a su izquierda. Rodó por el suelo y quedó quieto, fuera de su alcance. Sin pensárselo dos veces, desenfundó la pistola, pero, de nuevo, antes de que pudiera disparar, Eneria actuó. Se vio de repente de rodillas, con su pistola en las manos de Eneria, que le sonrió con sinceridad.

- No lo habéis hecho nada mal, Danherr- Amartilló el arma- Buen trabajo.

Tristán fue el último en ser eliminado.

Capítulo unoEditar

Tristán se despertó en una cama de sábanas grises en una habitación de paredes metálicas. Tenía todo el cuerpo entumecido y olía ligeramente a quemado. Se incorporó y se sentó en la cama con la espalda apoyada en la cabecera metálica. Con una mano en la cabeza, aturdido, echó un vistazo al resto de la habitación. No era especialmente grande, pero tampoco minúscula. Enfrente de él había otra cama, ocupada por Nyria, y a su lado, otra más donde K'nata dormía. A su izquierda había una cuarta cama, pero no había nadie en ella. A los pies de cada cama había un baúl de metal oscuro con un cierre electrónico, y a la derecha, pegados a la pared y junto a la puerta, se encontraban cuatro grandes armarios metálicos. Al fondo había una segunda puerta: el cuarto de baño. 

Se levantó trabajosamente y se esforzó por no caerse de bruces. Se puso de cuclillas frente al baúl que había a los pies de su cama y pulsó un botón. Unas runas aparecieron en la pequeña pantalla: Introduzca la clave deseada. Con cuatro rápidos movimientos de su dedo índice tecleó: Nora. La pantalla le pidió de nuevo que tecleara la contraseña, esta vez para desbloquear el cierre electrónico. Tristán movió de nuevo su dedo índice sobre las teclas holográficas: Nora

Mientras la tapa se levantaba sola, suspiró y se pasó una mano por el pelo, corto y gris. Estaba agotado. Dentro del bául había una serie de ropajes; unos pantalones de combate negros, unos vaqueros de un azul grisáceo urbano y un recambio para cada uno de ellos. También encontró varios pares de calcetines y ropa interior y no menos de cuatro camisetas de tirantes grises. En el fondo del baúl había un cinturón negro con una carcasa rígida en un costado. Dentro había una pistola automática modelo Septima, famosa por ser cara y eficaz a partes iguales. Disparaba ráfagas de tres balas y contaba con un cargador de quince disparos.

Sacó el cinturón y se lo ciñó. La pistolera tenía adherido un cargador adicional para la pistola mediante unas pequeñas sujecciones magnéticas. Metió de nuevo la ropa en el baúl y lo cerró. La pantalla se apagó.

- Aquí Bae a los sangre nueva- Sonó la voz de la coronel a través de un auricular que nisiquiera se acordaba de haber llevado encima- Todo el mundo a la sala de conferencias Delta siete. El que no llegue en diez minutos tendrá que someterse a un régimen de ejercicios de castigo diarios durante un mes.

- Joder- Murmuró Tristán mientras se ponía unos pantalones de combate y una de las camisetas de tirantes que había sacado del baúl, ya que estaba vestido aún con el mono de entrenamiento.

Cuando acabó de vestirse, se puso las botas de combate de nuevo y sacudió a Nyria por los hombros para despertarla. Ella gruñó y le dio un manotazo, aún medio dormida, pero Tristán insistió.

- Agh, joder- Nyria se incorporó y se llevó una mano a la cabeza, que le palpitaba- ¿A qué viene esto?

- O estamos en la sala de conferencias Delta no sé qué en diez minutos o nos toca un mes de ejercicios obligatorios de castigo- Resumió él mientras despertaba a K'nata. Éste fue más fácil de despertar.

- Mierda- Nyria arrastró las palabras, aturdida por el cansancio y la acción del sueño prolongado. Se levantó todo lo rápido que pudo y miró a Tristán con una ceja enarcada- ¿Y esa ropa?

- Hay un baúl a los pies de cada cama- Dijo él, sin más, mientras consultaba un mapa para localizar la sala de conferencias Delta siete.

Nyria se apresuró a introducir la contraseña en el aparato para sacar unos pantalones de combate negros y una camiseta de tirantes del baúl junto a un par de botas de combate y la pistolera. Cogió el arma y lo examinó.

- Joder-Abrió mucho los ojos- Una modelo Septima.

K'nata, que también había abierto su baúl, se sujetó el cinturón con la canana rígida a las hebillas de unos pantalones vaqueros de un azul grisáceo y tejido elástico y se ató las botas.

- Vámonos ya- Tristán abrió la puerta de la habitación y echó una ojeada al pasillo: paredes, suelo y techo metálicos, algunas marcas rectas de color anaranjado, y poco más- Venga, dáos prisa, no quiero estar con el régimen especial ese durante un mes.

Tras cerrar la puerta, los tres corrieron por los largos y anchos pasillos metálicos de la estación espacial durante siete minutos y trece segundos, desorientados por el más que razonable parecido de todas las secciones de aquel nivel de la estación. La sala de conferencias Delta siete era una amplia habitación circular con unas gradas situadas en forma de ``C´´ en uno de los lados, frente a un palco ligeramente elevado sobre el nivel del suelo que contaba con una serie de micrófonos y rpoyectores holográficos. Los asientos de las gradas estaban acolchados con algún material tintado de rojo, y al en un costado de la sala, entre las gradas y el palco, se encontraba un gran ventanal que permitía ver el resto de la estación espacial, circular y gigantesca, flotando en la órbita de Nameth.

- Vaya, vaya- Comentó Eneria en tono burlón cuando Tristán, Nyria y K'nata entraron en la sala- Los últimos en ser eliminados y los últimos en llegar, interesante. ¿Han dormido bien las señoritas?

Los tres se cuadraron y saludaron al estilo militar. K'nata tomó la palabra.

- Nuestras más sinceras disculpas, coronel.

- No hace falta que pongáis excusas- Hizo un gesto con la cabeza señalando las gradas.

Tras asentir respetuosamente, echaron a andar a paso ligero hacia las gradas para tomar asiento en la tecera fila. Un rápido vistazo alrededor les permitió ver que sus compañeros no estaban en mucho mejor estado que ellos. Se habían vestido con la ropa que habían encontrado en sus respectivos baúles, y ninguno se había olvidado de hacerse con la pistola automática y su carcasa rígida. Algunos llevaban gafas de sol o de soldar colgando del cuello o sujetas sobre la frente.

- Parece que ninguna os habéis olvidado de las pistolas- Dijo Eneria desde el palco, sonriendo- Supongo que a nadie os habrá dado por mirar en los armarios, ¿Verdad?

Silencio absoluto. Eneria repasó las miradas de los reclutas y señaló a uno de los unkais, que abrió sus ojos rasgados, sorprendido.

- Tú, Kirogi- Se inclinó sobre el palco- Tienes pinta de querer decir algo.

El unkai se encogió de hombros.

- No hemos tenido tiempo para mirarlos, coronel- Titubeó.

Aquello la hizo reír.

- Buena respuesta- Eneria hizo un gesto- Entonces os llevaréis una grata sorpresa cuando los abráis.

Tristán y Nyiria se miraron a la vez.

- Armas- Murmuraron- Por favor, que sean armas.

Eneria proseguía con su discurso, apoyada, sobre el palco.

- Bueno. Os estaréis preguntando a qué vino el entrenamiento de hace tres horas, ¿No?

Tristán enarcó una ceja. El entrenamiento podría haber sido sólo tres horas antes, pero él se sentía como si hubieran pasado dos días. La gran mayoría de sus compañeros de destacamento pensaban lo mismo y tenían la misma cara de sorpresa.

- No me miréis así, joder- Rió la coronel- Sí, han pasado tres horas. Es normal que os sintáis como si hubieran pasado un par de días

Un murmullo confuso se alzó desde las gradas, pero fue acallado por un gesto de Eneria.

- Como iba diciendo, supongo que estaréis extrañados por lo repentino del ejercicio, ¿Me equivoco?

Uno de los reclutas pidió permiso para hablar. Eneria se lo concedió con un asentimiento y observó, divertida, como se levantaba y cuadraba para hablar.

- Es parte del entrenamiento, señora- Dudó un par de segundos- Supongo.

Mientras él se sentaba, la coronel negó con la cabeza, chasqueando la lengua.

- Poco entrenamiento os podemos dar aquí que no hayáis recibido ya- Explicó- Sois soldados de élite curtidos en batallas y batallas. La experiencia y el entrenamiento de vuestro regimiento os ha enseñado más de os podríamos enseñar en el SICOM. Bien es cierto que será necesario algún que otro ejercicio para instruiros en determinadas acciones con las que no estáis familiarizados, pero no es eso a lo que voy- Miró uno por uno a los reclutas mientras hablaba. Espero a que alguno pidiera permiso para hablar- ¿Algo que decir? ¿Nada? 

Silencio absoluto de nuevo.

- Pensé que estaríais más espabilados- Se frotó la cara, paciente- Entonces os lo explicaré yo- Apretó un botón de un mando a distancia que había sobre el palco y la holomesa que había entre ella y las gradas se encendió, proyectando con tonos verdes grabaciones del destacamento durante el entrenamiento- Exacto, os hemos estado grabando para examinaros. A raíz de esto hemos visto vuestros puntos fuertes y flacos, y contrastando con los informes de vuestros antiguos superiores os hemos repartido en equipos de cuatro, de manera que los otros miembros de vuestra unidad suplan vuestras carencias en un aspecto, y viceversa- Carraspeó- Así funciona esto. El equipo será permanente, sin posibilidad de cambios.

Tristán, Nyria y K'nata se miraron y rezaron por que se les asignase al mismo equipo. EL gesto se repetía por todo el destacamento.

- La lista de nombres y asiganciones está aquí- Eneria sacó una placa de datos y la dejó sobre la holomesa, que se apagó- No admito reclamaciones, pero sí preguntas.

Y dicho esto, se despidió de los reclutas con un saludo militar que ellos devolvieron al unísono, y salió de la sala. Entonces, con grandes prisas, atenazados por la impaciencia, todos se abrieron paso hacia la holomesa y la placa de datos que condicionaría el resto de su vida. Las amazonas fueron las que llegaron primero, y no tardaron ni dos segundos en estrecharse las manos y darse muestras de felicitación. Tres segundos después, cuando una chica unkai miró la placa de datos, se le descompuso el rostro y se quedó blanca como la nieve: Estaba en el equipo de las amazonas.

Tristán sabía que habían destacado a la muchacha con las amazonas más debido a su género que a sus habilidades. Todos sabían de sobra que las amazonas no admitirían a un hombre en su unidad.

Los unkai restantes fueron intentaron consolarla mientras saludaban a sus nuevos compañeros de equipo, dos hombres de un regimiento mecanizado. El destacamento siguió echando ojeadas a la placa de datos y dividiéndose en grupos de cuatro para después salir de la sala. Media hora después, cuando casi todos los equipos estuvieron formados y sus inetgrantes habían abandonado la sala de conferencias, tan sólo quedaron ahí Nyria, K'nata y Tristán. Se miraron, extrañados y confusos.

- A ver de dónde sacamos al cuarto- Bromeó Nyria.

- Quizá se haya ido con los otros equipos, quién sabe- Dejó caer K'nata.

Tristán se pasó una mano por el pelo y exhaló, nervioso.

- Sólo hay una manera de salir de dudas- Movió el hombro derecho en círculos, inquieto- Joder, estoy nervioso,

Avanzó hacia la holomesa y tomó la placa de datos. Buscó su nombre mientras K'nata y Nyria se le acercaban y se colocaban a sus lados. Lo encontró descatado en Romeo tres, unidad de operaciones especiales. Repasó los nombres, de arriba a abajo: Danherr, Tristán. Canaar, Nyria. Schmied, K'nata...

Abrió los ojos todo lo que pudo, el corazón se le aceleró y un nudo se le formó en la boca del estómago. El repentino choque de emociones lo aturdió y le dieron ganas de vomitar, pero las reprimió. Miró a Nyria. Tenía la misma cara de estupor que él, y su piel se había vuelto todo lo pálida que su color oscuro le permitía. Abrió la boca y dijo algo que no se oyó.

- Tiene que ser un error- Murmuró Tristán, dejando la placa de datos sobre la holomesa. Miró a la puerta- Tengo que preguntárselo a Eneria.

Y echó a correr todo lo rápido que pudo por los pasillos metálicos, buscando a la coronel. 

- ¿Qué pasa?- Preguntó K'nata, azorado- ¿La conocéis?

- Yo...- Balbució Nyria antes de salir corriendo detrás de Tristán- ¡Luego te lo explico!

- ¡Pero no me dejéis aquí, joder!- K'nata siguió a Nyria, intentando igualar su más que formidable ritmo.

El cuarto nombre era Al-shar, Inrah.

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Tristán localizó a la coronel Bae en el gimnasio del tercer nivel, peleándose con un servidor de entrenamiento armada tan sólo su cuchillo de combate kukri. El automáta lanzaba una acometida tras otra con las varas eléctricas que llevaba sujetas a las manos, pero Eneria era mucho más ágil y esquivaba sus acometidas a la vez que practicaba una serie de ensayos de ataque a los puntos débiles del servidor, que emitía un zumbido cada vez que uno de ellos era alcanzado.

- ¡Coronel!- Tristán entró atropelladamente en el gimansio, seguido por Nyria y K'nata, que resoplaba- Tengo que hablar con usted.

Por toda respuesta, Eneria le hizo un gesto para que esperase y desactivó al servidor con un rapidísimo golpe con el plano de la hoja del kukri en la garganta del automáta. Enfundó el cuchillo y cogió una toalla gris de un dispensador cercano. Se secó el sudor de los brazos y la cara y dejó la toalla sobre sus hombros. Vestía la misma camiseta de tirantes que Tristán y el resto, y el mismo modelo de pantalones de combate negros que se le había suministrado a todo el destacamento.

- ¿Y bien, Danherr?- Dijo ella, acercándose al recién llegado. Era tan alta como él, y tan musculosa como Nyria. Su brazo izquierdo estaba cubierto del todo por un gran tatuaje de estilo tribal en negro que se extendía desde su cuello hasta los nudillos- Espero que sea importante.

- El último componente de mi equipo- Balbució él, gesticulando mucho.

- Sí, Al-shar. Estaba en tu pelotón, si mal no recuerdo. ¿Hay algún problema? Sabes que no admito reclamaciones, estáis agrupados de manera que podáis funcionar al máximo de vuestras capacidades.

- No es eso- Dudó antes de seguir- Ella está muerta.

Eneria desplazó su peso de un pie a otro y se cruzó de brazos, pensativa.

- Khardago, ¿Verdad?

- Sí. Ella...- Tristán se detuvo- Se cayó del Valkyria y murió.

- Los informes médicos no indican lo mismo- Dijo Eneria, displicente- ¿Estás seguro que no tuviste una alucinación? Tú también estabas en el Valkyria derribado, no me extrañaría que la situación te hubiera jugado una mala pasada.

Tristán frunció el ceño, buscando las palabras. Eneria continuó.

- La columna blindada khopeshita y skiana envió una unidad de reconocimiento a investigar la zona de choque del Valkyria. La encontraron con un disparo en el cuello, inconsciente y medio muerta. Consiguieron llevarla con los cirujanos a tiempo, y se salvó- Se encogió de hombros- Ahora tiene una cicatriz bastante vistosa en el cuello, pero está viva. Estos últimos años ha estado en una estación de rehabilitación mientras vosotros luchabais en el Levantamiento de Ogygia.

Tristán parpadeó, intentando asimilar aquella información. Abrió al boca, pero las palabras no aparecieron. Nyria, sin embargo, dio un paso adelante.

- ¿Inrah está viva?- Dijo, dando voz a sus pensamientos y a los de Tristán.

- Ah- Suspiró K'nata, agotado por la carrera- Así que era eso.

Eneria se recogió el pelo castaño, rizado en las puntas, en una coleta.

- Lo está. Y debería llegar hoy a la estación junto a los suministros- Dejó de lado al toalla y activó el servidor de entrenamiento de nuevo- Ella os lo explicará mejor que yo- Esquivó un ataque y lo devolvió con rapidez- Las naves con los suministros llegarán en dos horas, hangar dos.

- Gracias, coronel- Consiguió decir Tristán mientras salía del gimnasio, seguido por una estupefacta Nyria y K'nata, aún aturdido por la situación.

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Llevaban hora y media esperando en el hangar dos. Tristán agarraba con fuera la barandilla metálica de la pasarela situada al fondo del hangar, desde la cual se accedía a los ascensores y compartimentos de ingeniería.

- Relájate un poco, te vas a romper los nudillos- Nyria le tocó el hombro- Yo también estoy muy nerviosa, pero no ando apretando barandillas con toda mi alma

-¿Te esperabas esto?- Dijo él, sin más.

- Pues claro que no. Ví el cuerpo también.

K'nata había estado en silencio todo el tiempo, a ratos fumando, a ratos mascando desganadamente una barrita energética de ración estándar.

- Habladme de ella- Pidió, dando una calada a su enésimo cigarrillo de Iho- Así matamos el tiempo hasta que lleguen.

Tristán separó las manos de la barandilla y se apoyó de espaldas sobre ella.

- Es de Diarbur, de una tribu nativa- Comenzó.

- Lo conozco- K'nata se apoyó en la barandilla- ¿Agari, por casualidad?

Tristán hizo un gesto afirmativo.

- Bueno, es la única que conozco- Rió él- Era un todo o nada. ¿Tiene...?- Se señaló los ojos.

- Grandes y verdes- Asintió él- Todo el globo ocular es verde, quiero decir.

El skiano dejó escapar un silbido.

- Siempre he querido ver a un Agari en persona- Confesó- Las ilustraciones de los libros que encontré sobre Diarbur y ellos eran bastante viejas y apenas se veía nada. 

- Era la oficial de comunicaciones de mi unidad- Continuó Tristán, sacando un cigarrilo de una cajetilla que guardaba en un bosillo del pantalón- Lista como un jodido demonio, y más disciplinada que nosotros tres juntos.

- Tampoco es muy difícil- Resopló Nyria por lo bajo, bromeando.

- Entiendo- K'nata le encendió el cigarro a Tristán con su mechero de tapa- Una soldado de manual, ¿Eh?

- Sí.

- Lo más serio que nosotros teníamos era el cabo Jäger, y aún así se moría de risa con cualquier chiste de humor negro.

- Todos tenemos nuestro talón de Aquiles, supongo. A Nyria también le gusta el humor negro.

- Y a tí, no escurras el bulto. Estás igual de enfermo que yo- Bromeó ella. 

- Todos estamos enfermos entonces- K'nata dio una calada a su cigarro, sonriendo.

- Bueno, las circunstancias hacen a la persona, ¿No? Si llevamos más de la mitad de nuestar vida...-Tristán no acabó la frase. Las alarmas colocadas en el techo comenzaron a sonar y las puertas se abrieron. Una serie de lanzaderas Arvus atravesaron los escudos de vacío y aterrizaron en el hangar.

- ¡Eh!- Exclamó Nyria- ¡Ahí están!

Los tres saltaron por encima de la barandilla y andaron a paso ligero hacia las Arvus. Las manos de Tristán temblaban de puro nerviosismo. Se llevó con dificultad un nuevo cigarro a los labios y lo mordió con fuerza. No lo encendió. 

Buscaron por las dos filas de doce Arvus hasta que encontraron a una mujer sentada sobre unas cajas de suministros metálicas, mareada y cansada. Su piel era morena, tanto como la de Nyria, pero sin aquellas marcas. El cabello, de un cálido castaño claro, estaba recogido en una coleta a la altura del cuello, y un par de finos mechones de pelo le caían por los lados de la cara. Se le había dado la misma ropa que había sido suministrada a todos los agentes del SICOM presentes en aquella estación, y ella había optado por los vaqueros de tejido elástico. 

- ¡Inrah!

Tristán echó a correr hacia ella, que levantó la cara, sorprendida. Los ojos, grandes y de un verde intenso hechizante, se clavaron en las tres personas que corrían hacia ella. Se levantó, a pesar de su mareo, y esbozó la mejor de sus sonrisas.

- ¡Chicos!- Exclamó con su suave y melódico acento, abriendo los brazos.

Tristán la abrazó con fuerza cuando llegó a su altura.

- Joder- Dijo entrecortadamente- Pensé que estabas muerta.

Cuando se separaron un poco, se señaló las cicatrices del cuello, aún sonriente.

- Yo también creí que lo estaba. Los cirujanos dijeron que si hubiera tenido peor suerte, la bala me hubiera destrozado la tráquea y las cuerdas vocales.

Los dos se miraron, sonriendo, felices de volver a verse tras tres años.

- Eh, un momento- Nyria dio un paso adelante y abrazó también a Inrah- Tristán dijo que moriste al caer del Valkyria. ¿A qué viene toda esa historia de la bala?

Tristán e Inrah se miraron, no querían que nadie supiera la verdad. No querían que nadie supiera que Inrah se había intentado suicidar, abrumada por la situación.

- Me dispararon mientras caía- Se apresuró a responder ella- Por suerte sobreviví a la caída y al disparo.

- Demasiada suerte, creo yo- Nyria frunció el ceño y entrecerró los ojos- Y separáos ya, estáis montando una escena.

Los dos se separaron apresuradamente. No habían caído en ello. Tristán se rascó un brazo, avergonzado.

- ¡Es broma!- Rió Nyria- Me alegro de que estés viva, Inrah.

- No hagas eso más.

- Te lo prometo.

K'nata, que se había mantenido al margen hasta entonces, se adelantó y le tendió la mano a inrah.

- K'nata, encantado- Sonrió.

- Inrah- Le estrechó la mano y le devolvió la sonrisa- Es un placer.

K'nata empezó a preguntarle a Inrah por Diarbur y la tribu Agari, y ella contestaba a sus preguntas, divertida. Tristán estuvo a punto de decirle que dejase las preguntas para luego, que Inrah debía instalarse en la habitación y descansar algo, pero unas voces conocidas le hicieron darse la vuelta.

- Venga, tienes que seguir.

- Estoy muy mareada. Sabes que no puedo con estos viajes tan largos.

La cara de Tristán no podía reflejar más sorpresa.

- ¿Cyntia?- Balbució.

Apoyada sobre el fuselaje de una achaparrada Arvus, la psíquica abrió sus ya de por sí grandes ojos y elevó la mano izquierda, agitándola para saludar. 

- ¡Tristán!- Exclamó, alargando la a- ¡Hola!

- Bueno, ya estamos todos- Sonrió Inrah.

- Me da que sobro- K'nata le dio una palmada en el hombro a Tristán a modo de despedida- Nos vemos luego.

Se despidieron de él y andaron hacia Cyntia, que no tenía intención alguna de moverse. A su lado, y cruzada de hombros, su protectora, Mirina, miraba ceñuda a los tres agentes. Sus robustos guanteletes segmentados, con las placas de blindaje pintadas de gris oscuro, chisporrotearon durante medio segundo y un pequeño relámpago recorrió sus dedos, girando alrededor de ellos y saltando de uno a otro durante unos segundos. Se apartó el pelo (negro y liso, con vetas verdes) de la cara y miró a Cyntia, apremiante. 

Ella sonrió y le pidió un par de minutos. Mirina miró a la psíquica, de poca estatura y mirada elegre, vestida con una larga gabardina negra con una protección para el vientre con cierres metálicos en el frontal, y que portaba un casco de potenciación psíquica sobre el cabello corto y negro, teñido de rojo en la zona que quedaba sobre la frente y a los costados de su cara.

Tristán le tendió una mano, y ella se la estrehcó y lo abrazó, sin perder la sonrisa.

- Eh, eso es nuevo- Tristán señaló una cicatriz, larga e irregular que se extendía desde la clavícula de la chica hasta la base de la mandíbula. Había sido remendada con remaches metálicos rectangulares.

- El entrenamiento fue muy duro- Contestó ella, pasando un dedo enguantado sobre la vieja herida- Creéme, no necesitas saber más.

- Entiendo.

- Ah- Cyntia saludó con la mano a Nyria- Hola, Nyria.

Ella dejó de aparentar seriedad y le tendió un puño.

- Choca, anda. Lo hiciste de miedo en la torre Sköla.

La psíquica le chocó el puño y le dio las gracias tímidamente. Luego hizo un gesto de saludo a Inrah.

- ¿Te has mareado mucho?- Bromeó ella.

- Sabes que siempre me mareo.

Mirina carraspeó y puso una mano sobre el hombro de Cyntia.

- Tenemos que irnos, si no os importa.

Cyntia se despidió con último gesto y marchó a paso ligero junto a su protectora, que cargaba con unas cuantas maletas y mochilas. 

- Bueno, ojos bonitos- Nyria se cruzó de brazos- Vamos a llevarte a la habitación.

Capítulo dosEditar

Apenas les había dado tiempo a instalar a Inrah en la habitación y a comer algo en la cantina. Eneria les había reclamado a su presencia dos horas después de la llegada de la primera flota de aprovisionamiento. Se habían presentado en su despacho todo lo rápido que habían podido. Ella los esperaba sentada en su sillón acolchado, tras el escritorio de madera oscura repleto de informes, placas de datos y fotos.

- El equipo Romeo tres se presenta según las órdenes, coronel- Tristán se cuadró y saludó. El resto hicieron lo mismo.

- Descansen, Romeo tres- Eneria estaba apoyada con aire aburrido en su escritorio con una foto en la mano izquierda.

Tristán echó un vistazo a la pictocaptura. Era la misma que había visto tres años antes en el despacho de Eneria en Khopesh, la primera vez que la había visto. En la imagen aparecía la coronel enfundada en una robusta e imponente servoarmadura sobre el cadáver de un orko. 

- Sentaos, sentaos- La coronel hizo un gesto hacia una serie de sillas y taburetes medio escondidas entre cajas de informes. Mientras Tristán y K'nata se hacían con un par de taburetes, Inrah y Nyria se acomodaron en las dos sillas con ruedines que había frente al escritorio- Bueno, espero que estéis en forma, porque vais a entrar en acción ya mismo.

- Pero si acabamos de llegar a la estación- Dijo Tristán, tan pillado por sorpresa como el resto del equipo.

Eneria inclinó su asiento hacia atrás y dio un sorbo a una taza de cafeína que estaba usando como pisapapeles.

- Sois uno de los mejores equipos de los que disponemos aquí ahora mismo. El resto, o aún necesitan algo de puesta a punto o están ya en sus propios frentes. En Ogygia hicisteis un trabajo excelente con los equipos de asalto, y es ese tipo de curso de acción el que necesitamos para esta misión.

- Es decir- Nyria se cruzó de brazos- Que necesita alguien que reparta leña.

- No exactamente- Eneria hizo un gesto con la mano para dar enfásis a sus palabras- No sólo necesito que uséis la fuerza bruta. Se os ha elegido porque habéis demostrado poder ser independientes y funcionáis bien sin la dirección de un oficial superior.

- Bien- Tristán se encogió de hombros- Supongo que podremos hacerlo. ¿De qué se trata?

- ¿Habéis oído hablar de Tronia?

No hubo respuesta inmediata.

- Sé que Tronia es un mundo fortaleza de Cynus- Aventuró Inrah.

Eneria asintió.

- Exacto. Pues bien, los tau lo tienen en el bolsillo. Usaron rebeldes Gue'vesa locales para incomunicar al planeta, y después lo invadieron. Las fuerzas nativas están combatiendo casi sin refuerzos, y no quiero ni saber cómo les va.

- Entiendo- Dijo Tristán- Pero...¿Porqué nos cuenta esto?

Eneria encendió una placa de datos, que mostró la imagen de un planeta. Dio un par de golpecitos con el dedo índice sobre la pantalla.

- Emaren Prime, en la frontera de Cynus con Capital. Hemos recibido informes de revueltas organizadas y grupos militares rebeldes. De momento la población civil no sabe esto, pero tenemos que cortar esta rebelión de raíz, o pasará lo mismo que con Tronia. 

- ¿Y las fuerzas locales no pueden ocuparse?- Saltó Mirina, que acababa de entrar junto con Cyntia.

- Llegan tarde- Respondió Eneria- No importa, no os habéis perdido nada importante. Y respondiendo a tu pregunta, las tropas locales no pueden hacer nada porque llamaría demasiado la atención. Se están preparando por si acaso, pero no pueden hacer nada más sin despertar sospechas en la población civil.

- Y entonces nosotros llegamos de encubierto y hacemos una limpieza, ¿Me equivoco?- Aventuró K'nata.

- Exacto. Vuestro transporte partirá dentro de tres horas hacia la nave de carga Prathia, que os llevará directamente a Emaren Prime. Os daremos pasaportes falsos y os haréis pasar por ciudadanos normales y corrientes. Una vez os establezcáis, los contactos y agentes que tenemos en la zona os transmitirán los datos que necesitáis.

Los seis asintieron.

- No debe haber fallos, ¿Entendido? Ninguno- Eneria apagó la placa de datos- Encontraréis algo de equipo en los armarios de vuestras habitaciones. El resto se os entregará al llegar a Emaren Prime.

- ¿Iremos todos?- Preguntó Tristán, que le había cedido el sitio a Cyntia y estaba de pie.

- Por supuesto, os necesito a todos ahí. Dicho esto, podéis retiraros. Estaremos en contacto todo lo posible- Se dio la vuelta en su silla acolchada mientras se levantaban- Y suerte, Romeo tres.

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Tras las instrucciones de Eneria, los dos equipos se habían retirado a sus respectivas habitaciones para preparar el equipaje. K'nata se acordó de los grandes armarios metálicos, y se dispuso a abrir uno de ellos. Desactivó el cierre electrónico de uno de ellos y echó a un lado la puerta.

- Hombre, ahora sí que hablamos mi idioma- Dijo mientras sacaba un chaleco antifrag modular modelo Atria M38 y lo dejaba sobre la cama.

- ¿Protecciones?- Preguntó Nyria, abriendo el suyo.

K'nata sacó una carcasa rígida para cargadores con sujecciones para el muslo y varios portamuniciones para sujetar chaleco antifrag y una pistolera con una cinta para poder asegurar al cinturón o al muslo.

Antes de que el skiano dejase el equipo sobre su cama para examinarlo, el resto del grupo ya estaba indagando en sus armarios. Sacaron una a una las piezas de equipo y las dejaron sobre sus camas para ajustarlas y examinarlas. 

- Es de mi talla, vaya potra- Comentó Nyria mientras se ajustaba las correas de su chaleco antifrag.

- Pues claro que es de tu talla- Contestó Tristán. La respuesta sonó casi sarcástica debido al plano tono de voz del implante emisor que tenía en la base del cuello, conectado a sus dañadas cuerdas vocales. De otra manera, no podría articular palabra alguna- Nos tienen fichados y controlados, o si no esto sería un desastre.

Inrah tomó en sus manos un casco antifrag negro y le echó un vistazo. Sin símbolos, sin identificaciones. Aquello consiguió hacerla sentir recelosa.

- No tenemos ni identificaciones ni nada que indique que pertenecemos al SICOM- Dijo.

- Operaciones encubiertas, ya sabes- Contestó K'nata- Si el enemigo no sabe quién le ataca, se sumirá en la confusión. Sé de lo que hablo, creéme.

Inrah asintió, tenía sentido. Dejó el casco sobre el chaleco antifrag y las rodilleras, también negras, y se probó un par de guantes de tirador que también estaba en el armario. 

- Chicos- Dijo Cyntia de repente. Las prendas y el equipo que ella había recibido no eran exactamente las mismas que las que habían sido entregados al resto- ¿Vamos a ir a una nave de transporte civil vestidos así o qué?

Todos se miraron entre ellos. No habían caído en ello.

- Guárdemoslo en las maletas, junto a la ropa- Propuso Tristán- Si nos dan un toque al pasar por los escáneres...bueno, como agentes del SICOM algún privilegio tendremos respecto a esas cosas.

- ¿Y qué identificación dices que les vas a enseñar?- Replicó Nyria mientras abría una de sus maletas, que habían estado guardadas bajo la cama.

- Algo se nos ocurrirá- Inrah se desató la pistolera y se la ató al torso, bajo la camiseta- También deberíamos esconder las pistolas. Ya sabéis, no es cuestión de ir metiendo miedo.

Tristán se encogió de hombros y se ató también la pistolera a la altura del torso. El resto guardó las suyas en las maletas, siendo más prudentes que él e Inrah. 

- Un mes de viaje hasta Emaren Prime- Suspiró Cyntia mientras acababa de hacer su maleta- Me voy a volver loca.

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Una lanzadera civil de clase Equus pilotada por agentes del SICOM los había llevado desde la estación espacial hasta la Prathia, un gigantesco y viejo carguero civil en órbita sobre Nameth que estaba esperando a los últimos restos de una flota de mercaderes, peregrinos y viajeros para partir hacia Emaren Prime. Para su sorpresa, al entrar en la Prathia los guardias se los llevaron a un aparte y les dejaron pasar sin somerterse a los escáneres y las medidas de seguridad. Tal y como habían supuesto desde un principio, habían sido avisados de su llegada.

- Me siento importante y todo- Había comentado con una risita K'nata mientras un servidor los guiaba hacia el nivel de la nave en el que se encontraban sus habitáculos. Ellos prefirieron llamarlos camarotes.

El interior de la Prathia era sobrecogedoramente gigantesco, y la mayoría de la nave estaba dedicada a albergar las decenas de miles de personas que viajaban en el carguero. No era, ni de lejos, una nave de recreo, y careía de lujos, pero poseía los medios suficientes para satisfacer las necesidades básicas y contaba con una sala de entrenamiento bien equipada. A Nyria se le iluminó la cara cuando se enteró de que tenía servidores de entrenamiento.

Las primeras semanas fueron tan aburridas que parecieron meses, y todo el equipo era incapaz de pensar en otra cosa que no fuera contar los días que faltaban para llegar a Emaren Prime.

K'nata languidecía en su cama, horriblemente aburrido y agobiado por encontrarse en una nave espacial. Frecuentaba la sala de entrenamiento para mantenerse en plenas facultades físicas, al igual que sus compañeros. La psíquica Cyntia y su guardiana iban y venían por los numerosos puestos de comercio que se habían montado en las cubiertas de transporte para matar el tiempo. Mirina, arrastrada por su protegida, se resignaba a seguirla a todas partes y darle su opinión cuando encontraba algo de ropa que probarse. Por su parte, Inrah pasó la mayor parte del tiempo en la biblioteca de la Prathia, que, para su agrado, fue lo suficientemente variada y nutrida como para que pudiera sobrellevar el lento paso del tiempo sin aburrirse demasiado.

Tristán y Nyria se habían dedicado a ir con relativa frecuencia a la sala de entrenamiento y a perderse por las zonas más vacías de la nave, lejos del increíble bullicio de los viajeros, los mercados provisionales, los artistas callejeros y los vendedores clandestinos que intentaban venderles sustancias y objetos ilegales. Por suerte para ellos, no contaban con material xeno entre sus inventarios, de manera que ni Tristán ni Nyria se molestaron en denunciarlos a los guardias de la nave.

Habían encontrado un observatorio en una de las cubiertas superiores al que apenas acudía gente. Las únicas personas que iban por allí eran miembros de la tripulación y servidores mecánicos que cumplían sus tareas de mantenimiento o viajeros extraviados que rápidamente salían del observatorio al ver su aspecto oscuro y solitario. Aquella quietud y soledad hizo que este lugar fuera sumamente agradable para los dos ex guardias imperiales, que encontraron en el observatorio un oasis de tranquilidad frente a la marabunta de personas del resto de cubiertas.

- Mira el puñetero espacio- Murmuró Nyria un día que estaba apoyada en la barandilla de uno de los palcos de observación- Qué pequeños somos.

Tristán, que estaba sentado a su lado llevando a cabo las repetitivas y aburridas tareas de mantenimiento del implante que usaba para su pierna izquierda, asintió.

- Y que lo digas.

Tristán acabó el mantenimiento del implante y atornilló la cubierta metálica que protegía los circuitos internos y las piezas mecánicas del aparato. Guardó las herramientas en el pequeño portaequipos de tela negra que llevaba sujeta al cinturón y dejó a un lado la lata de lubricante para máquinas. Cogió el implante y movió las articulaciones con suavidad para comprobar que estaban correctamente lubricadas y atornilladas. Asintió con satisfacción al comprobar que así era y acercó el miembro biónico al muñón que tenía bajo la rodilla izquierda, cubierto por una serie de enchufes y conexiones metálicas para el implante.

- ¿Te echo una mano?- Ofreció Nyria, que se había apoyado de espaldas a la barandilla para verlo trabajar- Debe ser un poco complicado.

- Me las puedo apañar solo- Contestó él, y después, al darse cuenta de que había sonado algo seco, añadió- Pero gracias.

- Como quieras- Se encogió de hombros Nyria.

Tristán conectó uno de los cables de la pierna mecánica a una conexión nerviosa y sintió el chasquido del implante siendo conectando a los nervios de su pierna. Hizo lo mismo con los otros dos cables de conexión nerviosa y después desactivó los cierres de seguridad de la pierna biónica para colocársela, pero desde su posición se le hizo imposible conectarla debidamente. Nyria esperó un rato, divertida, para ofrecerle su ayuda.

- Igual te venía bien esa mano ahora- Dejó caer.

- Quizá...- Tristán apartó la vista. Odiaba tener que pedir ayuda para ocuparse de sus asuntos. Una cosa era el campo de batalla, y otra muy distinta sus deberes personales, como el mantenimiento de sus implantes.

La mujer se agachó a su lado y cogió la pierna mecánica. La sopesó con curiosidad.

- Pesa menos de lo que pensaba- Comentó.

- Tiene que ser más o menos ligera para que pueda moverme bien.

- Tiene sentido- Nyria buscó la posición exacta para que el implante encajara en las conexiones del muñón- Y dime, ¿Esto es impermeable? Porque siempre me ha extrañado que te duches con él y todo eso.

Tristán se estremeció cuando el sustituto biónico volvió de nuevo a conectarse a su cuerpo. Un escalofrío lo recorrió desde el muñón hasta el cráneo.

- En el Medicae me recomendaron que no lo mojase si podía evitarlo, pero uno del Mechanicus me comentó más tarde que este modelo estaba cerrado herméticamente para proteger los circuitos, que además están tratados para resistir cierto nivel de humedad- Se encogió de hombros- Mejor, la verdad, porque no quiero imaginarme como sería darme una ducha con una sola pierna.

- Necesitarías ayuda- Respondió ella, sin más.

- No estoy aquí para recibir ayuda- Respondió Tristán. Aquel asunto le incomodaba perceptiblemente.

- No te hagas el duro- Nyria se sentó a su lado y le dio un puñetazo suave en el hombro- Si necesitas ayuda la pides y punto. 

- Y me lo dices tú.

- Vengo de un mundo letal, ¿Recuerdas? Ahí, o ayudabas y te ayudaban o en dos minutos estabas muerto.

- Tienes razón- Tristán suspiró- Lo que quería decir es que no soy un inválido, puedo arreglármelas.

Nyria señaló con la barbilla el implante de su pierna.

- Cuando te lo quitas sí lo eres- Al ver que él apartaba un poco la vista, le pasó un brazo por encima- Eh, entiendo que estés frustrado, pero ya llevas con este implante ¿Cuánto? ¿Seis años o así? Tienes que saber de lo que te puedes ocupar por tu cuenta y en lo que necesitas que te echen una mano. Pedir ayuda para que te encajen el cacharro ese no es algo vergonzoso, yo haría lo mismo.

Él suspiró, y el sonido fue extraño a través de su implante emisor.

- Puedo ponérmelo solo...lo que pasa es que tardo algo más que con ayuda- Se defendió.

- ¿Y cuál es el problema entonces?- Replicó Nyria- Te he visto enredar con las partes de dentro y desatornillar la cubierta, y créeme que estoy impresionada, lo haces muy rápido. Si con lo único que necesitas ayuda es con las conexiones- Se encogió de hombros- Deberías estar orgulloso.

- Supongo- Dijo él, echando la cabeza hacia atrás. Después buscó la mano de Nyria y la cogió con suavidad- Gracias.

- No tienes que dármelas- Susurró antes de besarle el cuello, cerca del implante emisor- Oye, ¿Este necesitas arreglarlo también?

- ¿El emisor?- Tristán se pasó un par de dedos inconscientemente por la pieza mecánica- Supongo que ya le va tocando, sí.

Nyria desactivó el seguro del aparato y lo separó de las conexiones que Tristán tenía en la base del cuello. El emisor era algo más pequeño que un puño, pero pesaba más de lo que parecía.

- Estás muy mono sin él- Le dijo ella, y le puso una mano en la barbilla al ver que la miraba con reproche. Sonrió; odiaba cuando ella le quitaba el implante- Eh, no te enfades. Además, así eres más fácil de besar.

Nyria dejó el emisor entre los dos mientras le daba un beso en los labios.

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Cuando la voz de uno de los miembros de la tripulación del Praetha anunció repetidamente por los altavoces de la nave que habían llegado a Emaren Prime, Romeo tres fue incapaz de recordar otro momento en sus vidas en el que hubieran sentido más alivio. Habían recogido todo su equipaje horas atrás, cuando el primer aviso de aproximación fue dado, y eran los primeros en la interminable cola para embarcar en las lanzaderas que los llevarían a la superficie, al espaciopuerto de ciudad Oerlia.

Las docenas de naves salían de los colosales hangares del Praetha como un enjambre de insectos metálicos que rápidamente se perdió en la infinidad de lanzaderas y naves de mayor tamaño que salían y entraban en Emaren Prime. Tardaron tres horas en conseguir pasar y lograr al fin el permiso para aterrizar. Cuando lo hicieron, las lanzaderas regresaban al Praetha tras repostar para volver a por más viajeros.

Los seis agentes del SICOM se miraron, siendo sólo un puñado de viajeros entre los miles de ellos que había en el titánico y majestuoso espaciopuerto. 

- ¿Y ahora qué?- K'nata fue el que rompió el silencio con la pregunta que todos tenían en sus mentes.

- ¿Tenemos alguna dirección?- Preguntó Inrah.

- No, que yo sepa- Tristán se encogió de hombros.

- Eh, no me jodas- Nyria se contuvo para no gritarlo- ¿Y se supone que somos del SICOM?

- Chss- La mandó callar Mirina. Ella le devolvió una mirada furibunda- Dilo un poco más alto, a ver si se entera todo el espaciopuerto.

- A las seis- Dijo de repente Tristán en voz baja- No miréis, pero creo que alguien quiere hablar con nosotros.

Un trío de agentes del Arbites se abría paso entre el gentío en su dirección. Llevaban las armas enfundadas, pero los ex-guardias imperiales habían aprendido a desconfiar de toda apariencia. 

- ¿Salimos corriendo o qué?- Propuso Cyntia.

- ¿Porqué deberíamos?- K'nata negó lentamente con la cabeza- Estamos en el mismo bando. No sé qué quieren, pero salir corriendo no es muy inteligente.

- Está asustada- Comentó Nyria con una sonrisa divertida. 

Antes de que la psíquica contestara, una mano enguantada se posó sobre su hombro. Cyntia se estremeció cuando oyó la voz grave e imponente del agente.

- Acompáñennos, si son tan amables.

- ¡No hemos hecho nada!- Soltó la psíquica, asustada.

- Díselo al jefe- Contestó con sorna otro agente mientras los dirigían hacia las oficinas de seguridad del espaciopuerto.

Las oficinas de seguridad se encontraban en el centro mismo del gigantesco vestíbulo del espaciopuerto, y albergaban cerca de doscientos agentes del Adeptus Arbites, sin contar a aquellos que estaban destinados a patrullar. Los tres arbitradores condujeron al equipo hasta el oficial al mando de la estación, que los recibió en su propia oficina, pequeña, oscura debido a la ausencia de ventanas y parca en lo que a la decoración se refiere: un escritorio, varios archivadores metálicos y algunas butacas.

- Gracias, Saelus- Dijo cuando entraron, haciendo un gesto a los arbitradores para indicarles que podían retirarse. Después ordenó a los seis agentes del SICOM que tomaran asiento- ¿Y vosotros sois el equipo de operaciones especiales que ha enviado el SICOM? Si sois un puñado de críos.

Inrah fue la primera en reaccionar, el resto aún estaban intentando asimilar que no habían sido arrestados. Ladeó la cabeza, ofendida.

- ¿Perdón? ¿Ha dicho ``críos´´?- Preguntó, cuidando su tono para no parecer enfadada.

- Eso mismo es lo que he dicho, señorita. Veo que además tenéis problemas de audición- Hizo un gesto con la mano para indicar que aquella parte de la conversación había concluido- Espero que los del SICOM sepan lo que se hacen. 

Metió la mano derecha bajo el escritorio y sacó un fajo de papeles y tarjetas plastificadas atacadas con una goma elástica y las dejó frente a ellos.

- Estas serán vuestras identidades mientras permanezcáis en Emaren Prime. También hay un mapa con vuestro piso franco, ahí os encontraréis con un agente de la policía local, del departamento de inteligencia. Él os dará vuestras instrucciones inmediatas.

- ¿La policía local? Esto tiene que ser una broma- Replicó Nyria.

El oficial del Arbites resopló y se reclinó en su butaca acolchada.

- Ahora mismo los únicos que pueden ayudaros en esa ridícula historia de espías que el SICOM quiere montar, ya os advierto de que si dependiera del Adeptus Arbites haría tiempo que hubiéramos ajusticiado a todos esos traidores. Los de inteligencia son buenos, pero son unos cabrones arrogantes, se creen el epítome del puñetero espionaje.

Inrah cogió las identificaciones y el mapa y las repartió entre sus compañeros de equipo. Tristán hizo una mueca al ver que su nombre en Emaren Prime iba a ser Robert Vrochinski.

- Y ahora largaos de aquí, críos. Hay un coche a la salida del espaciopuerto, en la plaza K-98, un Völl negro- Se despidió con tono secante el oficial mientras volvía a sus tareas.

Romeo tres salió del cuartel del Arbites y se pasó dos horas buscando la plaza K-98. Más tarde descubrieron que era la J-98, y que el oficial del Arbites les había tomado el pelo.

- Puto payaso- Gruñó Nyria al darse cuenta.

- Qué se le va a hacer- Respondió K'nata, encogiéndose de hombros- Al menos hemos encontrado el coche.

- Es...bastante cutre- Comentó Cyntia.

- Mientras funcione me vale- Tristán abrió el vehículo con las llaves que el oficial les había entregado y se sentó en el asiento del conductor- Vámonos de aquí, ya estoy harto de tanta gente.

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Viajaron apretujados en el Völl durante tres horas, dos de las cuales pasaron buscando el piso franco y sufriendo embotellamientos al entrar en el centro de ciudad Oerlia, luminosa y urbanizada, cuyos rascacielos se alzaban imponentes sobre la masa de edificios de pisos y construcciones de menos altitud. 

La noche había caído trece minutos antes de que llegasen a la calle Faanhe, donde Tristán tuvo que parar el coche frente a unos viandantes para preguntar por la dirección exacta del piso que se les había asignado. Le costó habituarse a la manera de hablar local, más rápida que a la que estaba acostumbrado, y se vio obligado muy a su pesar a preguntarles si podían repetir lo que acababan de decir.

Cuando llegaron, dieron gracias al Trono al unísono al ver que había una plaza de aparcamiento libre justo a la entrada del piso, pegada a la acera de piedra grisácea. Tristán tuvo que tener mucho cuidado para no llevarse por delante una farola, tremendamente alta y de metal negro.

- Qué feo es este lugar- Comentó Mirina mientras sacaban el equipaje del amplio maletero del automóvil- En Andrómaca todo es luminoso y bello, y la arquitectura es mucho más sutil y agradable.

- Y sólo hay mujeres caminando por las calles- Le recordó Nyria- ¿Dónde demonios metéis a los hombres?

- En las minas, fábricas y centros de trabajo. Si en Andrómaca ves a un hombre por la calle, será detrás de su dueña o en un equipo de obreros.

- Vaya una mierda de sitio- Dejó caer K'nata, fingiendo estar despistado- Recuérdame que nunca me pase por ahí.

Los seis subieron las escaleras hasta ela tercera planta, ya que el ascensor no era lo suficientemente grande para que siquiera subieran de uno en uno con su respectivo equipaje. Cuando llegaron a la tercera planta se arremolinaron frente a la entrada que estaba en la esquina derecha y esperaron a que Inrah abriera la puerta con la llave que les había dado el oficial del Arbites junto a sus pasaportes e identidades falsas. Soltaron un suspiro de cansancio colectivo en cuanto cruzaron el umbral y entraron en el vestíbulo, que era una sala con un par de sofás y una mesa de madera contra la pared con un televisor sobre ella. Alguien estaba repantigado en uno de los sofás.

- ¡Por el Trono, por fin habéis llegado!- Dijo una voz de hombre- Llevo aquí como cuatro horas, he pedido la cena y todo.

El desconocido señaló un par de cajas de cartón con manchas de salsa y grasa sobre una mesa que estaba frente a ambos sofás. Inrah y Tristán desenfundaron sus pistolas y apuntaron al hombre, que los estaba encarando a su vez con un cañón manual grande y de carcasa negra.

- Quién va- Dijo con voz más seria, sin moverse. 

- Romeo tres- Tristán no bajó su arma.

El hombre se encogió de hombros y dejó la pistola sobre la mesa, junto a las cajas de comida rápida vacías. Estaba vestido con ropa civil, unos sencillos pantalones vaqueros de un azul grisáceo y una sudadera negra sobre una camiseta lisa roja.

- Pues ya era hora, chicos- Tendió una mano a Tristán- Teniente, encantado. Adequate, soy vuestro contacto del SICOM.

- ¿Contacto del SICOM? Nos dijeron que eras de la policía- Preguntó Inrah extrañada.

- ¿Y qué es eso de teniente? Soy cabo primero- Dijo Tristán.

Adequate levantó las manos pidiendo tranquilidad.

- Poco a poco, poco a poco- Miró a Inrah- Soy del SICOM, estoy infiltrado en el departamento de inteligencia de la policía de Emaren Prime. ¿Pensabas que íbamos a dejar a nuestros chicos en manos de un puñado de espías venidos a menos? Seré vuestro informante y os pasaré toda la información que consigamos en el departamento de inteligencia.

- Entiendo- Asintió Inrah.

Adequate le sonrió y después se volvió hacia Tristán.

- La coronel Eneria me pidió que te dijera que estás ascendido a teniente y que estás al mando de Romeo tres.

- De cabo a teniente- Nyria enarcó una ceja- Poco convencional, ¿No?

- Si crees que en el SICOM vas a encontrar algo convencional te vas a llevar una decepción- Le respondióAdequate- Por cierto, no sé si se os habrá comunicado ya, pero esto es una misión de infiltración, y en estas situaciones necesitáis nombres en clave.

- Algo habíamos imaginado- K'nata se rascó la cabeza.

El informador asintió un par de veces y se dirigió hacia la salida.

- Hablaremos cuando tenga algo para vosotros- Dijo mientras apoyaba una mano en el pomo de la puerta- Mientras tanto, vida de civil, no podéis levantar sospechas. Os he dejado algo de dinero y un par de llaves de repuesto en la mesa. Buenas noches, damas y caballeros.

Adequate abrió la puerta apresuradamente y bajó las escaleras con paso rápido y ágil. Nyria le dio una palmada en el hombro a Tristán.

- Enhorabuena, señor. Estás al mando del equipo. Ya podemos empezar a rezar.

- Qué graciosa eres.

K'nata se encogió de hombros y echó a andar por el pasillo, que estaba a la izquierda del televisor y daba a las habitaciones y el cuarto de baño.

- No sé vosotros, pero yo voy a dejar la maleta en el mejor cuarto que pille y después voy a comer algo. Y por cierto, mi nombre en clave va a ser Visier.

- En skiano, ¿Eh?- Tristán asintió- No sé qué es.

- Ya lo verás cuando me veas disparar- Respondió él antes de desaparecer tras la puerta de una de las habitaciones.

Tristán se quedó de pie bostezando mientras Mirina y Cyntia se ponían en marcha. Inrah enfundó su pistola y fue tras ellas con paso cansado. 

- Qué, ¿Cansado?- Le dijo Nyria, apoyándose contra la pared y encendiendo una vara de Iho- Dame fuego, anda.

- Cansado es poco. Ponme en una trinchera o en un combate urbano y estaré menos agobiado que en una ciudad- Sacó su mechero metálico y retiró la tapa con un rápido movimiento del pulgar. Le encendió el cigarro a Nyria y guardó el mechero de nuevo en sus pantalones- Me...recuerda a Nieria.

- Tu mundo natal- Recordó Nyria, y dio una calada a humeante la vara de Iho.

- Sí. Se hace un poco duro- Tristán se encogió de hombros y cogió sus maletas- Quizá algún día pueda vivir en una ciudad tranquila, estaría bien.

- Creo que ya sé que nombre en clave tendrás- Sonrió ella mientras lo seguía hasta las habitaciones con su equipaje- Utopy.

- Mira- Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Tristán. No estaba seguro de si Nyria lo decía porque Inrah siempre le llamaba utópico o porque ella lo pensaba de verdad, pero le hizo gracia- Me gusta. ¿Y tú qué tienes pensado?

Ella se encogió de hombros y entró en la habitación que Tristán acababa de abrir. Olía a cerrado y había bastante polvo sobre el escaso mobiliario, consistente en un par de armarios, una gastada cómoda de madera y una cama que por lo menos parecía decente.

- No lo sé. Ya pensaré algo- Tiró las maletas al suelo al igual que él y ambos volvieron al vestíbulo. Ya habría tiempo de instalarse más adelante, cuando tuvieran ganas y perdieran el hambre y la desorientación por los numerosos viajes a los que se habían visto sometidos en tan poco tiempo.

- Oye, los otros están sacando el equipaje. Quizá deberíamos hacerlo nosotros también.

Nyria hizo un gesto con la mano y se dejó caer en un sofá.

- Que le den por el saco, yo lo que necesito ahora es descansar y comer algo- Cogió una de las cajas de comida y la arrojó sin ganas a un lado tras comprobar que no quedaba nada- Y el cabrón no nos ha dejado nada.

- Pues cocinamos algo- Se encogió de hombros Tristán y señaló la cocina, una pequeña sala adyacente al vestíbulo- Yo solía cocinar cuando vivía en Nieria. Ahí solíamos comer huevos fritos casi todos los días, si encuentro alguno por aquí me las puedo apañar.

- Uno que se va a pegar una ducha- Avisó K'nata al fondo del pasillo. Después oyeron el sonido de la puerta al abrirse y cerrarse y una maldición relacionada con la cantidad de polvo.

- Yo me ocupo luego- Dijo Cyntia en respuesta a la exclamación de K'nata mientras entraba en el vestíbulo con material de limpieza. Le lanzó un trapo y un bote de limpiador de superficies a Tristán- Échame una mano, no estés ahí como un pasmarote.

Tristán se quedó mirando el paño y después miró a la psíquica, que había empezado a limpiar el polvo y a abrir ventanas para ventilar.

- ¿A qué viene esto?- Preguntó.

- Este sitio da asco- Replicó ella- Verdadero asco. Lleno de polvo y suciedad, y huele a cerrado que deja sin sentido.

- ¿Y? Hemos estado en sitios peores- Dijo con pereza Nyria, aún tirada en el sofá.

- Pero no podíamos hacer nada por remediarlo. Ahora podemos limpiar y dejar este pisucho decente. Además, es por cuestiones de salud. Tú también deberías echar una mano.

Tristán empezó a pasar el paño sin ganas por los muebles.

- Lo único que Nyria limpia es el filo de sus cuchillos- Advirtió a la psíquica- Créeme, no te va a hacer caso.

- Exacto.

- Lo que sí puedes hacer es ir a buscar un restaurante o algo y traer comida- Tristán cogió un fajo de billetes de la mesa y se lo lanzó a Nyria. Los billetes chocaron contra su vientre y se quedaron ahí, ella no se molestó en cogerlos.

- No sé moverme por estos sitios. Además, ¿No decías que ibas a cocinar algo?

- No creo que me dé tiempo, al menos dentro de unos límites de tiempo razonables.

- Entonces que le den, mañana ya desayunaré fuerte- Nyria se dio la vuelta y se durmió en un par de minutos, vencida por el cansancio y el aburrimiento.

- De puta madre- Gruñó Tristán meintras seguía limpiando.

Pasaron los minutos, y K'nata salió de la ducha para volver a su habitación. No volvió a salir hasta la mañana siguiente. Tristán acabó por darse por vencido tras quitar el polvo de un par de muebles y se sentó en el sofá que no estaba ocupado por Nyria con un gruñido de cansancio.

- ¿Nada de cena entonces?- Preguntó Cyntia.

- Quizá luego eche un vistazo a la despensa a ver si hay algo. Lo mismo con el olor de la comida se despierta Nyria.

- Quizá.

Tristán se levantó y se apoyó en el quicio de la ventana que tenía al lado para fumarse un cigarro de Iho. Observó la ciudad, inmensa, bulliciosa, llena de luces y sonidos y sintió una punzada de nostalgia cuando todo aquello le recordó a su mundo natal y la ciudad donde había vivido. Ahora todo aquello había quedado infectado por un voraz virus químico y arrasado posteriormente por los inmisericordes fuegos del Exterminatus.

- Dame uno- Oyó de repente a su izquierda. Cyntia lo miraba y se había apoyado también al quicio de la ventana.

- No tienes edad- Bromeó él con voz suave para que no se sintiera ofendida.

- Cumplí veintiuno hace dos meses. Quiero probarlo.

Tristán se sacó la vara de Iho de la boca y la miró durante unos segundos antes de darle una calada.

- Es una mierda para la salud, no lo pruebes nunca.

La psíquica resopló y se inclinó.

- Has estado dos años y pico en las instalaciones de entrenamiento para psíquicos del SICOM- Dijo Tristán tras un incómodo silencio- Tengo curiosidad por saber cómo era.

- Éramos muy pocos. Había personal del Astra Telepathica que nos ayudaba y asesoraba para controlar nuestras mentes y para endurecerlas, e instructores del SICOM que nos hacían pasar pruebas físicas y nos mandaban hacer prácticas de tiro, ejercicios de simulación de combate y esas cosas- Explicó ella- Después vino el último paso, y tuvimos que poner a prueba nuestros poderes y nuestras mentes. Algunos murieron, y al resto...bueno, nos pasaron cosas.

- ¿Como esto?- Tristán señaló la cicatriz cerrada con peizas metálicas que Cyntia tenía en el cuello y la mandíbula derecha.

Ella asintió y se tocó las grapas que habían cerrado la herida.

- Algunos se quedaron sin dientes, a otros se les derritieron los ojos...- Se estremeció- Oía los gritos, Tristán, y vi morir a los que no pudieron superar la prueba. Estallaron o entraron en combustión de repente. Hubo uno que se volvió del revés literalmente. Recuerdo que vomité.

- Debió ser duro- Tristán acabó el cigarro con una última calada y lanzó la colilla humeante a un lado con un capirotazo de sus dedos.

- Todo lo era- Admitió Cyntia- Y no creo que ahora vaya a cambiar, para eso nos entrenaron así. 

- Lo conseguiremos- Aseguró él. Al cabo de unos segundos cambió de tema- Tengo que preguntarte una cosa.

- Tú dirás.

- Me estuve documentando sobre el vínculo psíquico como pude en cuanto tuve ocasión. Podrías habernos matado a los dos.

- Si hubiera salido mal nuestras mentes se hubieran desintegrado, sí. Pero era un riesgo que debía correr para descubrir al asesino y para evitar que me matase.

Tristán asintió. Dos años atrás un asesino del enemigo había estado acechando a su pelotón infiltrado en él. Mató a casi toda la unidad.

- Entiendo. ¿Qué fue de él?

- ¿Del vínculo?- Cyntia parpadeó- Se rompió. Lo que no sé es si fue cuando te hirieron en Ogygia o cuando me llevaron fuera del planeta para el adiestramiento psíquico. 

- Tuve unas migrañas muy fuertes cuando abandonaste Ogygia, probablemente ese fue el momento en el que se rompió.

- Lo siento- Se disculpó la psíquica- Entrar en la mente de alguien y luego salir de ella siempre tiene efectos secundarios, sobre todo para la mente objetivo. 

- Da igual- Tristán hizo un gesto para quitarle importancia- Lo pasado pasado está.

- Pasado está- Repitió ella en voz baja, asintiendo mientras ambos contemplaban la incesante actividad de ciudad Oerlia.

Capítulo tresEditar

El tiempo había cambiado de golpe durante la noche. Seguía haciendo calor, pero una intensa lluvia empezó a caer, furiosa, golpenado ventanas y tejados con fuerza. El ruido despertó a Nyria, que parpadeó varias veces para despejarse y se sentó en el sofá donde había estado durmiendo. Miró por la ventana y esbozó una mueca de asco; odiaba las ciudades.

El rugido de sus tripas le hizo desviar la atención del paisaje y se llevó una mano al vientre con un gesto de dolor. Tenía un hambre atroz. Se levantó trabajosamente y soltó un quejido al notar que tenía una pierna dormida al echar a andar hacia la habitación donde Tristán dormía.

- Eh- Dijo al entrar, cerrando la puerta tras de sí en silencio. Iba a decir algo más, pero se calló al ver que estaba profundamente dormido.

Se acercó en silencio y se arrodilló a su lado para mirarlo durante unos segundos. Incluso cuando estaba dormido Nyria podía ver en su rostro los años de lucha por los que había pasado. Por los que todos ellos habían pasado. Estaba tranquilo y en tensión a la vez, y a veces hacía ligeras muecas, como si le doliera algo. Probablemente estuviera teniendo un sueño desagradable. Las tripas le volvieron a sonar a Nyria.

- Siento despertarte, pero no voy a morirme de hambre- Susurró mientras le tocaba con el dedo índice en la mejilla para despertarle. Él arrugó el gesto- Despierta, joder. Haz el desayuno.

Al ver que no conseguía despertarlo, Nyria le dio un pequeño golpe en la sien. Tristán abrió los ojos de golpe, sobresaltado, y parpadeó varias veces para depejarse. Abrió la boca y movió los labios, pero no produjo ningún sonido. Nyria le acercó el implante emisor, que él se colocó en las conexiones de la base de su cuello. El aparato produjo una serie de chasquidos y retazos de ruido blanco hasta que estuvo plenamente activo.

- ¿Qué demonios haces?- Farfulló, incorporándose y frotándose los ojos.

- Haz el desayuno. Tengo hambre.

- Háztelo tú.

- Sólo sé hacer sopa de sobre, de esa de las raciones de campaña. Y dudo que haya de eso aquí.

Tristán suspiró y se levantó con un gruñido de esfuerzo.

- Gracias- Ronroneó ella, besándole una mejilla.

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El desayuno había sido generoso. Tristán había frito un par de huevos y algo de carne y tostado unas rodajas de pan. Para su sorpresa, encontró en el frigorífico una botella de zumo de una fruta local para acompañar el resto de la comida. Los dos se habían sentado en uno de los sofás del salón después de dar buena cuenta del desayuno, y encendieron el viejo televisor. 

Se vieron distraídos del noticiario matinal cuando alguien llamó a la puerta. Se miraron el uno al otro y se acercaron con sigilo a la entrada. Tristán había cogido su pistola automática y retirado el seguro. Nyria abrió la puerta lentamente hasta que vieron que era Adequate

- Joder, no nos des esos sustos- Dijo Nyria mientras abría la puerta del todo.

- ¿Preferías que te llamase por teléfono?- Contestó el operativo con un encogimiento de hombros. Detrás de él entró una mujer vestida de civil que los saludó al pasar y cerró la puerta. Adequate la presentó- Ella es Scherezade, una de los componentes de mi equipo. También os conseguirá información.

Tristán la saludó con un asentimiento de cabeza.

Utopist, soy el líder de Romeo tres.

Nippa- Se presentó Nyria. El nombre en clave le vino de repente, y le gustó. 

- ¿Como el mundo letal?- Scherezade levantó una ceja, intrigada.

Nyria asintió. Nippa había sido su hogar durante casi diecisiete años, hasta que ingresó en la Legión Penal por asesinar a un oficial, y más tarde fue reclutada por el 712º de Granaderos Nametherianos una vez hubo acabado su condena.

- ¿El resto de tu equipo está durmiendo?- Preguntó Adequate.

- Sí- Admitió avergonzado Tristán- Nyr...Nippa, ve a despertarlos.

- No será necesario- Adequate levantó una mano para detenerla- Sólo traigo unas sencillas instrucciones, puedes dárselas tú mismo.

- Me parece bien- Asintió Tristán.

- Deberías ponerte algo antes de empezar. Esto es muy poco serio- Scherezade señaló con la barbilla a Tristán, vestido tan sólo con la ropa interior con la que había dormido. Él se ruborizó ligeramente cuando se dio cuenta de ello.

- Da igual- Adequate le entregó una carpeta negra a Tristán, que la cogió y se puso a examinarla. Contenía varios documentos escritos a máquina y pictocapturas- Ahí están las instrucciones y toda la información que necesites. Nosotros nos vamos ya.

- Recibido, gracias.

Los dos agentes del SICOM se despidieron con un asentimiento y salieron por la puerta tan rápido como habían llegado.

- No sé tú, pero estas visitas relámpago están empezando a tocarme las narices- Dijo Nyria una vez la puerta se cerró.

Tristán se encogió de hombros y siguió leyendo los informes.

- Ve a despertar al resto- Miró un reloj que había colgado de la pared- Son casi las nueve, ya han dormido suficiente.

Tristán se sentó en uno de los sofás mientras pasaba a examinar las pictocaptruas adjuntas a los informes mientras Nyria se dedicaba a dar fuertes golpes en las puertas de las otras habitaciones. Las pictocapturas no eran de muy buena calidad, pero se distinguía bien el lugar: un complejo en el muelle de la ciudad. Las fotos representaban diversos lugares del complejo y a sus guardias, vestidos con pantalones de combate grises y jerseys de tejido anticorte negros y armados con fusiles láser compactos. Tristán pudo advertir que no eran unos simples guardias al percatarse de que portaban con ellos unos chalecos portamuniciones de cuero e incluso granadas.

- ¿Qué es, jefe?- K'nata apareció en el salón, desperezándose. Las largas rastas morenas le caían sobre los hombros, sin estar sujetas.

- Trabajo- Contestó él simplemente.

A los pocos segundos apareció Inrah, vestida y aseada, y después Cyntia y su guardiana, ambas aún adormiladas.

- Tenemos trabajo, equipo- Tristán dejó los informes y pictocapturas sobre la mesa para que todos pudieran echar un vistazo- Hay un papel con instrucciones de Adequate. Una parte del equipo tiene que reunirse con él en el cruce de la avenida nº87 con la calle Voi, y a la otra le va a tocar investigar por los bajos fondos en busca de actividad seccesionista.

- ¿Actividad seccesionista?- Preguntó Inrah.

Adequate dice que captan gente en los bajos fondos. También menciona algo sobre adoctrinamiento y lavados de cerebro, pero como información dudosa. No está seguro de ello- Tristán se inclinó hacia adelante- Bueno, ¿Alguien interesado en los bajos fondos?

La respuesta fue tan rápida como sorprenderte. Cyntia asintió.

- Mirina y yo podemos hacerlo.

- ¿Tú en los bajos fondos? No me jodas, princesita- Comentó Nyria, divertida.

- Recopilar información se me da bien, y me fijo en los detalles- Se defendió ella, ligeramente ofendida- Además, Mirina me protegerá, y a ella se le da muy bien interrogar.

- De acuerdo. Entonces el resto iremos con Adequate ¿Habéis pensado todos vuestro nombre en clave?

K'nata y Nyria asintieron. Visier y Nippa.

- A mí no se me ocurre nada serio- Cyntia se rascó el brazo, incómoda.

- Hex- Dijo K'nata con una pequeña sonrisa burlona.

- ¿Hex? Es skiano, ¿Verdad?

- Significa bruja- Asintió él.

- No te caen muy bien los psíquicos- Observó Cyntia.

K'natas sacudió lentamente la cabeza.

- No me molestan mientras no den probelamas. Hex me pareció adecuado.

La psíquica se encogió de hombros.

Hex está bien.

- Bien, ¿Mirina?- Tristán le hizo un gesto para que hablase.

Amazona.

- Original...-Murmuró Nyria con ironía.

Tristán asintió y miró a Inrah.

Vox creo que es adecuado. 

Inrah era una especialista en guerra electro-vox y una veterana oficial de comunicaciones. Tristán sonrió, aquel nombre en clave le sentaba como un guante.

- Bueno, equipo- Dijo, levantándose- Tenemos que reunirnos con Adequate a las diez. HexAmazona, vosotras deberíais esperar también a esa hora para empezar. De noche es más fácil encontrar escoria en los bajos fondos.

Todos asintieron. Tenían su primera misión oficial para el SICOM, y no estaban dispuestos a fallar.

+++++++++++++++++++++++++

A las nueve y cuarto cayó la noche de una manera tan súbita como impresionante. Las tres lunas de Emaren Prime iluminaron el negro cielo junto a las luces de las naves que estaban en órbita y la contaminación lumínica de la ciudad. Tristán ordenó a su equipo que se preparase inmediatamente para salir en diez minutos.

Habían encontrado una habitación que hacía las veces de armero y almacén de municiones y suministros y estaban seleccionando el equipo que iban a llevar a sus respectivas misiones. Cyntia y Mirina habían abogado por una vestimenta que pudiera pasar desapercibida en los bajos fondos y que a su vez les diese un aspecto amenazador.

Cyntia había cogido un jersey de cuello alto negro, de tejido anticorte, y unos pantalones de combate grises. Se hizo también con un par de pistolas inferno y un chaleco ligero que consistía básicamente en un puñado de tiras de cuero marrón con dos pistoleras que quedaban a cada lado del torso. Su guardiana seleccionó unos pantalones negros de cuero y una gabardina del mismo color sobre una camisa carmesí. Cogió además una pistola bólter y un cuchillo de combate del bien provisionado depósito de armas.

- Nosotras nos vamos ya- Anunció Cyntia antes de abandonar la sala- Suerte, chicos.

- Suerte- Respondió el resto del equipo.

Tristán abrió uno de los armeros metálico y sacó un subfusil Creed-9. Era un modelo fabricado fuera del sector, manejable, potente y fiable, con una gran cantidad de sujecciones y rieles para colocar accesorios. Sopesó el arma y se llevó la culata al hombro. Serviría.

- Los Creed-9 nos vendrán bien- Dijo en alto- Con silenciador, por supuesto. Colocad uno en todas vuestras armas de fuego, si nos hacen falta no podemos permitirnos alertar a toda la zona.

- Yo había pensado en llevar esto- Nyria sostuvo en alto una escopeta semiautomática Accatran modelo 34- Me manejo mucho mejor con estas cosas. Además, podría venirnos bien, ya viste como era ese lugar.

Tristán se encogió de hombros.

- Si consigues un silenciador no hay problema.

Nyria asintió con una mueca de aprobación y cogió un silenciador pintado de negro, cilíndrico y grueso como una lata de refresco. Lo enroscó en la punta del cañón del arma y empezó a desatornillar la empuñadura de pistola y la culata plegable que este modelo de escopeta incluía de serie. Colocó en su lugar una culata monopieza de polímero negro y comenzó a buscar cartuchos del calibre 12. Encontró por casualidad en uno de los armeros una serie de armas pesadas y especiales: Dos lanzacohetes plegables, una ametralladora rotativa, un par de lanzagranadas, un lanzallamas y abundante munición. Cogió uno de los lanzagranadas y se lo tendió a Tristán.

- Creo que esto es lo tuyo.

- Un lanzagranadas no será necesario- Tristán negó con la cabeza- Es una misión de infiltración, Nyria.

- Tú mismo- Se encogió de hombros mientras lo devolvía a su sitio.

Tristán volvió a centrar su atención en calibrar la mira de combate que había encontrado para su subfusil, junto a una empuñadura frontal. Al acabar la sujetó al riel superior del arma, que estaba entre la miras de hierro frontal y posterior. Cogió siete cargadores y metió uno de ellos en el subfusil con un chasquido metálico.

- Eh, jefe- Lo llamó K'nata. Tristán se volvió para ver como sostenía cruzado sobre el pecho un rifle láser de francotirador modelo Accatran MK IVe- Soy un francotirador experto, rendiré más con esto que con el Creed-9.

- Entonces ya sabes.

- Sí, señor- Sonrió el skiano- Supresor de fogonazo. Estas cosas no tienen silenciadores.

- Supresor de fogonazo entonces- Miró a Inrah y le hizo un gesto con la barbilla- ¿Elección libre tú también?

Ella negó con la cabeza.

- El Creed-9 me parece idóneo. No tengo ninguna queja.

- Una soldado ejemplar- Asintió Tristán- Tomad ejemplo vosotros dos.

Nyria y K'nata rieron por lo bajo mientras cogían vestimentas de un armario metálico. K'nata se hizo con una camiseta azul de manga corta civil que se puso bajo el chaleco antifrag y con unos pantalones grises, casi negros. También encontró una máscara balística lisa. Nyria, por su parte, se vistió con una camiseta de tirantes gris bajo el chaleco y unos pantalones de combate negros a los que sujetó en los muslos dos fundas dobles para sus cuchillos de combate. Tristán encontró una camisa de botones blanca y lisa y unos pantalones de combate de un gris oscuro, e Inrah se hizo con una palestina de tela clara y unos pantalones vaqueros.

Tristán cogió además un hacha táctica, hecha de una sola pieza de un metal negro que no reflejaba la luz. Se lo colgó en la parte trasera del cinturón para poder desenfundarlo más rápido, y echó un vistazo al resto del equipo, que estaban cogiendo munición.

- Guardad las armas en una de esas y vámonos- Señaló con la barbilla una serie de bolsas de deporte negras que había sobre una mesa.

Metieron las armas y la munción, así como el equipo en las bolsas de deporte, se las echaron al hombro y salieron del piso aparentando normalidad. K'nata incluso contó algunos chistes para restar tensión al asunto. Se subieron al Völl negro y Tristán condujo el coche hasta donde Adequate les dijo que les estaría esperando. 

Era de noche, y caía una ligera lluvia. A pesar del tráfico, lograron llegar a la hora indicada, aunque no vieron al agente del SICOM por ningún lado. Aparcaron el coche y bajaron de él.

- Creo que nos hemos equivocado de lugar- Murmuró Nyria.

- No, lo he consultado con el mapa y me he asegurado de ello- Respondió Tristán- Es aquí.

Era una calle algo oscura, y mucho más fría que la suya. Los edificios eran viejos y gastados bloques de pisos grises con balcones de hierro, y algunas de las farolas estaban rotas o fundidas. Un perro callejero comía de los restos que un cubo de basura había derramado por el suelo al ser derribado.

Dos minutos después apareció Adequate seguido de Scherezade, que llevaba consigo un par de mochils. Les saludaron con la mano mientras se acercaban caminando sin prisa.

- Lamentamos la tardanza- Adequate llevaba la misma ropa que el día anterior, y parecía algo cansado- Asuntos secretos.

- Sin problema- Asintió Tristán.

Adequate cogió una de las mochilas de Scherezade.

- Bueno, teniente, aquí tiene sus instrucciones- Dijo, entregándosela a Tristán- Coloque esto en el punto que hemos cargado en sus placas de datos. Nosotros nos ocuparemos del resto. Que no os descubran.

- ¿Y ya?- Dudó él mientras se colgaba la mochila.

- Es una bomba- Susurró Scherezade- Si conseguimos destruir el objetivo, dañaremos a los seccesionistas y podríamos provocarles para que cometan una estupidez. Si eso pasa, podremos detenerlos e interrogarlos sin levantar sospechas entre los civiles. 

- De acuerdo. Dalo por hecho.

- Hay un punto de entrada que hemos descubierto cerca de aquí. Tendréis que pasar por unos doscientos metros de conducto- Adequate tecleó algo en su placa de datos- He cargado las coordenadas en vuestras placas de datos.

Scherezade le entregó su mochila a Inrah.

- Tú eres la especialista en tecnología del Romeo tres, ¿No?- Preguntó- Es un servocráneo, os servirá para desactivar las medidas de seguridad del complejo. Te has entrenado para usarlo.

Inrah asintió y se colgó la mochila. Los dos agentes del SICOM se despidieron con un asentimiento y siguieron andando sin prisa en dirección contraria por donde habían venido. 

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