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Ese viejo almacén de colmena había contemplado muchas cosas: Torturas a soplones de bandas, asesinatos, tratos ilegales, tráfico de materiales cuestionables, y, por supuesto, reuniones clandestinas.

Pero, por supuesto, nunca había visto ninguna como aquella.

Entre decenas de figuras vestidas con ropajes variados y sosteniendo armas de fuego, tres figuras destacaban entre la multitud.

Sobre una caja de metal inmensa estaba sentada una monolítica figura embutida en una servoarmadura grisacea, que, unido a su rostro barbudo y salvaje, lo delataba como un Lobo Espacial, que, si bien como traidor a su causa debería haberi sido asesinado o haberse reunido junto a personas de su ralea, ahora se encotnraba en ese cochambroso almacén. Pero una cosa que nunca había perdido, al contrario que los símbolos de sus hombreras, ahora teñidas de un negro tan profundo como la noche, era la mirada de sus ojos. La mirada salvaje de un guerrero que ansiaba una batalla.

Dicha mirada estaba dirigida a una bella fémina, que, si bien tenía unos rasgos humanos y una figura que harían a cualquier hombre caer a sus pies, sus orejas picudas, y sus extraños artilugios la delataban como una xeno, una eldar descendiende de la depravación y los excesos de Commorragh, cuya mera presencia parecía ahuyentar, por lo menos a unos cuantos metros de distancia, a cualquier hombre que estuviera en ese lugar.

Ante sendas presencias el resto de mercenarios y asesinos estaban amedrentados, unos con nerviosismo asesino, otros con frialdad ensayada, pero, pasando parcialmente desapercibida había una mirada que desprendía una tranquilidad bastante mas perturbadora.

Era la única persona a la que se conocía formalmente, puest que algunos de ellos habían llegado a leer sus panfletos de busca y captura:Arcadia Lagely, buscada por el asesinato de un noble de un planeta imperial, pero eso no importaba, puesto que todos los allí reunidos eran hombres y mujeres que no tenían miedo de cruzar la linea entre lo correcto y lo incorrecto...si es que alguna vez llegaron a conocer esa linea.

Los murmullos inundaron la sala, cesando cuando se escucharon abrirse a las compuertas metálicas y oxidadas del lugar, que dejaban entrar a un hombre  de aspecto regio, envuelto en una túnica negra como la noche y decorada con complejos diseños blancos rodeado de tres guardias vestidos de igual forma.

-Bueno.-Dijo al fin el hombre.-Solo los diez mas dignos de entre los cien cien individuos aquí reunidos recibirán las promesas que les he dado...y puede que algo más. Si consiguen sobrevivir.-Dijo con un semplante serio mientras hacía una seña a uno de  sus tres guardias, que se aproximó a un rincón del almacén, en el que había una carretilla elevadora metálica con una caja gris con el águila imperial oxidada estampada.

-Depositad vuestras armas de fuego aquí. Podeís quedaros con una pistola cada uno. El Astartes deberá depositar todas sus armas.-Dijo uno de los guardias, que conducía la carretilla y depositó la caja ante ellos, dejando ver una parte superior abierta y un interior vacío, que se fue llenando de rifles láser, automáticos, rifles largos y todo tipo de armas, entre las que destacaban las armas del astartes, inmensas y arcaicas, y la de la eldar, estilizada y exótica.

Cuando la última arma fue depositada,la carretilla comenzó a moverse, saliendo del almacén junto a los otros dos guardias.

-Ahora quiero que, una vez hayamos cerrado la puerta, os mateís hasta que solo queden diez, los que sobrevivan serán aquellos que merecerán formar parte del encargo.-Dijo el  hombre mientras se retiraba, ignorando los ruegos de unos y las preguntas de otros.

Entonces vieron como la inmensa puerta de metal por la que dicho hombre entró se cerraba, hasta escuchar al fín un chasquido metálico.

Y todos se miraron entre sí, preparados para lo peor.


Para los que se quieran apuntar:ROL MONOPJ


Orden de posteo:JM,Disi,Torin.

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