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Una imagen acompaña de interferencias empezó a reproducirse en la pantalla. En esta se podía ver como algo parecido a una trinchera unos humanos reconocidos por los distintos iconos de las FDP´s. Estos eran alrededor de unos seis hombres uniformados de forma casi exacta, las armas que portaban y disparaban de forma continua se reconoció como un modelo de rifle automático de gama baja, muy reconocida entre mercenarios y piratas. Entonces la imagen se centró en una figura uniformada al igual que el resto de soldados con la única diferencia de que en su chaleco de protección llevaba una insignia de teniente. Entre errores de grabación y disparos se pudo escuchar una frase: 

-¡Los Eldars, están aquí!.

Acto seguido aquel teniente se giró para disparar su arma, cortándose así la imagen. 

Todos los presentes en aquella sala, inquisidores del ordo Xenos y Prefectus del  Adeptus Administratum abarrotaban la sala. El silencio se había hecho en cuanto la imagen paró de reproducirse cortada por un montón de estática. 

-Muy bien...- Dijo uno de los inquisidores de nombre Augustus. Su piel era morena haciendo juego con el extraño y poblado bigote que tenía. Su tamaño no mucho mayor al del 1,70m le hacía una persona baja y, encima, muy variopinta con las extravagantes ropas de colores que solía llevar. Tras de el dos miembros de los Guardianes de la muerte lo custodiaban como miembros de su sequito.

-Suponiendo que ese...teniente.. tenga razón...- Dijo con una voz fina, odiosa y con cierto tono de desdén, poniendo de los nervios a mas de uno de los presentes.-..Propongo que sigan luchando y, una vez se hayan aniquilado los unos a los otros enviar fuerzas astartes, sería mas rápido que desplegar a la guardia imperial...- Terminó diciendo Augustus. 

-No concuerdo contigo.- Respondió otro inquisidor. Este se trataba de Matrian, un hombre recio y fuerte. Su gran tamaño iba acompañado de un orgullo como humano casi infinito, cosa que el había ayudado en las misiones mas duras de exterminio- No podemos dejar que mueran,tenemos que apoyarlos de forma inmediata. Si sus defensas caen los Taus tendrán vía libre para hacerse con el sistema.- Terminó de decir enfurecido. 

-Matrian tiene razón.- Contestó la inquisidora Mariana. Esta tenía una túnica roja y parte de su cuerpo era metálico por lo que con facilidad y sin ni siquiera conocerla se podía reconocer su afiliación al Adeptus Mechanicus.- Actualmente el mundo fortaleza de Griön está siendo amenazado por los ejércitos Tau.Seguramente hayan alcanzado algún tipo de acuerdo ambas razas xenos, en el caso de ser así necesitarán todo el apoyo posible. Si perdemos ese mundo fortaleza el resto del sistema habrá caído.- 

-La verdad...-Dijo Radox, cortando la conversación.-Es que ambos tienen su parte de razón, y aunque los tau son los enemigos mas fuertes y numerosos, no creo que debamos ignorar a los eldars.-Dijo, haciendo una pequeña pausa dramática.-Recuerden que esos xenos son un comodín caprichoso, y muchas veces aniquilar los son motivo ha supuesto la pérdida de planetas enteros.-Calló mientras daba un par de pasos a la derecha, para luego dar los propios a la izquierda y volver a su posición.-Propongo comunicarnos con esos xenos, por lo menos sabremos lo que trama...o al menos tendremos una idea de sus motivos para estar en el sagrado suelo imperial.-Dijo, terminando la frase con una sonrisa ensayada. 

Amanda levantó  la mirada para ver el nuevo invitado. No tardó en reconocer por su aspecto a Radox, un respetado compañero inquisidor. La piel clara y su rostro mal afeitado era casi tan pintorescos como su larga melena negra, y aunque no era lo frecuente, esta vez estaba suelta como si la ocasión así lo deseara. Sus manos ocultos y entrelazados tras su espalda estaban vestidas con unos elegantes guantes negros, a juego con su larga gabardina, como de costumbre abierta mostrando un peto de caparazón  negro como el ébano. 

Amanda se llevó ambas manos a su cara, agobiada y  enfurecida por las estúpidas discusiones que ahora abundaban en el lugar. Cuando apartó ambas manos se levantó. Su cabello rubio se meneó levemente de sus hombres, cayendo por su torso hasta el nivel del pecho. Su gabardina de cuero mucho mas corta que el de Radox llegando mas o menos hasta sus piernas era de un tono verde oscuro, cubierto luego por un peto negro ligero. Se llevo ambas manos hasta la cintura y cuando los presentes se percataron que la inquisidora se había levantado dejaron de discutir para ahora observarla.

-Puesto que ninguno de los presentes tiene una solución viable....Propongo que se me autorice la protección del sistema solar en cuestión, encargándome de la crisis de los eldar.-Por unos segundos todos callaron. Entre sus rostros se podía ver aceptación o ligera indiferencia, pero para todos era el mismo silencio.- Puesto que no hay ninguna contradicción doy por comenzada la misión del Ordo Xenos de neutralizar la amenaza eldar y asegurar el sistema solar.- 

Radox se quedó unos segundos en silencio, reflexionando, para posteriormente ponerse erguido, remarcando la autoridad que su zarrapastroso aspecto solía contrarrestar.

Augustus gruño pensativo, apoyando su barbilla en ambas manos miró con indiferencia a Amanda.-Todos conocemos tus métodos y te sobran los recursos.- Dijo algo receloso.-No veo ningún inconveniente.- Acto seguido se recostó sobre su sillón, acomodándose y jugueteando por su pintoresco bigote. 

Matrian se sorprendió por la aceptación, pero..¿Una mujer sola se encargaría de la ardua misión de salvar un sistema solar?. Solo pensar en ello hacía arrugar la cara, maldita ni siquiera sabía quien era Amanda. Como si tuviese que hacer notar su prepotencia se levantó, y casi en gritos habló.-¡Me niego rotundamente que tan solo tu te encargues de tan ardua misión!.- A pesar de la sorpresa de los presentes y casi sin dar tiempo a que se fijasen en el siguió hablando.-¡Yo he combatido a los Eldar, yo tendría que dirigir esta misión!.- Los presentes, en especial los guardias que acompañaban a Amanda se sintieron incómodos. Matrian, un joven inquisidor poco conocido, narcisista y hacía tan so lodos años que dejó de ser un acólito,¿gritando a Amanda?. Bueno, ella parecía alga molesta pero con una mirada fría clavó su vista en Matrian quien se volvió a sentar, avergonzado y nervioso por las fijas miradas que se clavaron en el.

Radox estaba sorprendido por la reacción de Matrian, había conocido a ese tipo durante la purga de un subsector durante poco tiempo, pero sus arranques de furia eran legendarios.

-Ya que no quereis que ella trabaje sola....-Dijo con un tono autoritario.-Yo lo haré con ella, me ocuparé de que no utilice métodos demasiado extremos.-Dijo mientras miraba a Matrian de forma segura y firme, recordándole sin palabra alguna que todavía era un niño jugando con los mayores.-Solo espero que dejemos de discutir sobre el mando para poder centrarnos y no ser una decepción para Su Divina Majestad por nuestra indecisión...o nuestra arrogancia¿verdad?

Dijo con un tono casi inspirador ensayado y ejecutado de forma magistral.

Le dedicó una última mirada a Matrian, que se encogió de hombro resignado. Mariana asintió lentamente en forma de aprobación. Amanda no hizo otra cosa mas que levantar la mano, acto seguido ambos guardaespaldas asintieron y marcharon en dirección a la salida. La inquisidora se levantó recogiendo a la par su sombrero que había estado reposando en la mesa desde el inicio de la charla. Miró a Radox y prosiguió mirando a Augustus.-Muy bien, con la aprobación por parte del comité de respuesta partiré enseguida para completar la misión.- En ese instante hizo una pequeña reverencia a la par que se ponía su sombrero. Cuando se puso en una postura mas formal miró por ultima vez antes de girarse a Radox.- Acepto su petición de colaboración, nos veremos en el hangar.

Radox se levantó tranquilamente, hondeando su gabardina como si la charla la hubiera ensuciado, miró como Amanda se retiraba, recordando todavía esa última mirada fría.

-Lo lamento, caballeros, pero me debo ir, esa cariñosa mirada me ha llamado.

Bromeó mientras intentaba ocultar lo poco que le gustaba estar junto a esa panda de inquisidores incompetentes que se creían mejores de lo que eran solo porque decían tener contactos que ya sabía de antemano que no tenían, o, por lo menos, no al nivel que reflejaban.

Caminó con decisión hacia la puerta, pegando un leve golpe al respaldo de la silla metálica de Martian,que parecía demasiado ensimismado con el ridículo y la precaria situación en la que hacía quedado como para percatarse de nada, hasta que casi se levanta por el susto.

Radox sonrió mientras la puerta se cerraba automáticamente tras él, dejando un Martian enfurecido y silente atrás.

Capítulo Uno: Nave del terrorEditar

Era incómodo estar en aquella nave. Sus pasillos estaban igual de limpios y todo funcionaba de forma parecida, pero era diferente...

La presencia del personal de Shenadoah había convertido ese lugar en un engranaje eficiente y aburrido del Imperio. Los guardias eran poseedores de una seriedad brutal, y la fría eficiencia de los tripulantes de la nave era palpable en el aire

-Siempre que vengo a una de estas naves me encuentro con algo diferente.-Dijo Radox como si el navío fuera suyo, viendo con satisfacción como un tripulante intentaba maniobrar para evitarlo, casi cayendo al suelo.-Pero la nave que mas me ha inquietado siempre es aquella en la que nunca se escucha a un soldado o a un tripulante reír o hablar a destiempo.-Dijo, viendo como un tripulante cercano ponía una reprimida cara neutra, posiblemente ocultando el enfado por esas palabras.

-Da lo mismo.-Dijo Hocktor a sus espaldas, su gabardina negra de cuero tratado y sus elegantes y negras ropas de asesino bien lo podrían hacer pasar por un noble...si no fuera por su capucha negra y la horrenda máscara arcanotecnológica que recordaba a una calavera humana.-Los soldados mecánicos siguen siendo juguetes de poca monta, por muy bien entrenados que estén.

Radox sonrió esperando que algún guardia que hablase gótico lo escuchara y viniera, pero la sonrisa se desvaneció cuando recordó aquél vid que recopiló durante su investigación sobre sus métodos disciplinarios.

Entonces deseó que no hubiera ninguno cerca.

Notó la calidez del brazo derecho de Enkia rozando su manga izquierda.

Su acólita de pelo blanco vestía en ese momento una camisa informal gruesa y unos pantalones y botas de combate, todo bajo una túnica raída de tela que la hacían parecer mas una peregrina que viajaba a Terra para contemplar la belleza de sus catedrales y palacios que una acólita inquisitorial entrenada para matar con sus manos o sus considerables poderes psíquicos.

-Señor, creo que debería consultar la información que nos han transmitido, después de todo no me gustaría que hablara con esa mujer sin estar informado.-Dijo con seriedad y leve preocupación.

Radox la miró fijamente, intentando perderse en esos ojos azules, pero paró cuando llevaban unos pocos segundos para tomar el pad de datos que su acólita llevaba en la mano.

Amanda caminaba hacia la sala de reuniones, escuchando como su escolta de cuatro soldados de la casa noble Foliet la seguían con su agradable sonido de una marcha bien llevada y cronometrada.

Amanda estaba serena, como mostraba su tez blanca engañosa mente joven y su pelo rubio casi sin color.

Sus botas de cuero sintético repiqueteaban contra el suelo de metal, completando la bella sinfonía de pasos firmes y sincronizados que solo los nativos de Shenadoah podían lograr.

Ahora tenía que ver a Radox para explicarle su plan.Mejor dicho, tenía que ver a ese desarrapado hombre que malamente se hacía llamar inquisidor. A veces costaba creer que alguien así tuviera una influencia como la suya, aunque eso no preocupaba a Amanda.

Estaba por encima de nimiedades como esas.

Su gabardina hondeó una fracción de segundo, para volver a caer hasta su altura original, aproximadamente a la altura de su ingle, acomodando parte de sí sobre el peto antifrag que la inquisidora llevaba.

-Espero que esta charla sea breve y no una pérdida de tiempo.-Dijo Amanda en voz alta para sí, preparándose para visitar a ese zarrapastroso colega del ordo.

El pasillo era amplio, iluminado fervientemente por las bombillas del techo que daban a esa nave un aspecto espartano y austero aún con la mítica y barroca decoración que todas las naves compartían.

Y esa no era una excepción.

El pasillo era amplio, iluminado fervientemente por las bombillas del techo que daban a esa nave aquel aspecto espartano y austero aún con la barroca decoración que todas las naves Imperiales compartían.

Y esa no era una excepción.

-Parece que llegamos a tiempo- Dijo Radox con calma mientras recorría el trecho que lo separaba de una puerta metálica decorada para recordar a la puerta de algún palacio o casa de recreo de alguna casa noble Imperial- Y hasta tenemos a una dama dándonos la bienvenida- Rió levemente ante esa pulla a la Inquisidora Amanda, que estaba de pie ante él y sus acólitos, firme y con su cara seria y aparentemente inflexible, mirando cada movimiento que el inquisidor y sus escoltas hacían.

-Llegas tarde- Dijo con un tono de mal disimulado desagrado, si es que ocultarlo era su intención.

-Lo sé, pero eso es lo que hace especial un encuentro.  Las entradas dramáticas- Añadió con una sonrisa animada, que pareció surgir de una media sonrisa de complacencia o de diplomacia fallida en los labios de su colega.

La luz azulada que iluminaba la sala era exigua, casi como si sus diseñadores lo hubiesen hecho a propósito. Las sombras generadas por las sillas metálicas que rodeaban la mesa eran más intensas que la misma luz creando un entorno oscuro y siniestro. En las paredes metálicas y encerradas tras vidrios varios rifles láser sobrecargados descansaban y junto a estas varios uniformes del Militarum Tempestus. 

Oficialmente debía tratarse de la sala de reuniones de la escuadra asesina de Amanda. La gran cantidad de armas encerradas, planos de la nave o cajas de la munición demostraban el hecho de que en el peor de los casos la escuadra asignada para purificar la nave tendría que equiparse aquí. En el centro de la sala y en medio de una mesa metálica circular un pequeño proyector yacía inmóvil reproduciendo continuamente lo que era el holograma de un sistema solar. 

Amanda fue la primera en entrar junto todos sus guardias. 

Radox entró solo. No quería que la presencia de su acólita lo...distrajera.

Los soldados de la Inquisidora llevaban uniformes totalmente diferentes a los que solía observar Radox en otros sequitos Inquisitoriales.  Todos llevaban exactamente la misma gabardina la cual lucia en el pecho varias heráldicas que representaban a sus casas nobles, en este caso todos pertenecían a la casa noble de Foliet.

La heráldica estaba compuesta por un fondo de un tono azul oscuro, que acompañaba en el centro de este una lanza llameante. Esa misma lanza se podía ver como un relieve en los yelmos de los guardias los cuales parecían  imitar el diseño de la servoarmadura MK3 "Hierro". Bajo sus gabardinas lucían pesadas armaduras caparazón junto al entrechocar de las espadas o mazas de energía que portaban en el cinto. 

Si, hasta ahora Radox no había caído que no eran simple guardias. Eran Cruzados de la casa Foliet. Y si Amanda llevaba junto a ella semejantes guerreros, Radox ya podía suponer que no iba a ser una misión pacífica. Algo que en el fondo lo tranquilizaba. 

Y no es que Radox estuviera buscando acción como un recluta de la Guardia Imperial, sino más bien que sus acólitos buscaran la acción dentro de esta nave...una nave de Shenandoah lo que resultaba aún menos recomendable.  

-Bien, ya que estamos aquí ¿me puedes poner al día de lo que sucede?-Dijo con tono complaciente y serio, casi como un inquisidor decente.

-Claro...pero espero que escuches, porque no voy a repetirlo- Replicó la inquisidora con tono regio mientras se ponía cerca de un proyector. 

Todos los Cruzados rodearon los laterales de la mesa metálica central, ocupando los seis asientos y dejando únicamente un asiento libre en uno de los extremos de la mesa, teniendo así una vista de Amanda quien se había sentado en el otro extremo.  

Radox, algo tenso, se sentó y se acomodó en la silla metálica, cuyo contacto solo transmitía un frío glaciar, y eso a pesar de llevar la gabardina. Como vio que nadie más parecía tener una queja respecto a aquello lo dejó únicamente como un pensamiento y sensación inquietante.

-Parece que vas a dar un discurso del Militarum- Expresó con un tono relajado mientras intentaba ponerse mínimamente cómodo en lo que en Shenandoah denominarían un “asiento” - Así que ¿cómo va la situación en el sistema?  Solo tengo información algo dispersa y me vendría bien que me refrescases la memoria- Se cruzó de brazos sobre la silla con gesto relajado, esperando una buena explicación.

Amanda miró con cierto desprecio a su compañero mientras el silencio de los cruzados parecía tan aumentar la tensión en el ambiente ¿En serio ni sabía lo que ocurría en el sector? Fuese como fuese Amanda se frotó las sienes lentamente, intentando buscar palabras adecuadas para describir la ineptitud que tenía delante. 

Tras unos segundos frotándose las sienes, miró a Radox nuevamente. Suspiró decepcionada:

-Como veo que no te has tomado la molestia de estudiar el estado del sistema- Aun no se podía creer que aquello estuviera ocurriendo- Te haré un breve resume.

En ese instante uno de los cruzados pulsó uno de los botones que no estaba muy alejado del centro de la mesa. Un holograma azulado apareció en el proyector de mapas, mostrando un sol y, alrededor de este, dos planetas acompañados de cientos de puntos que marcaban un anillo de asteroides que limitaba la frontera del sistema.  

El guardia pulso un nuevo botón en el dispositivo y, esta vez, salió lo que se podía reconocer como el índice del mapa. La gran bola de fuego, tenía tan solo el nombre de Estrella del Sistema, en cambio los dos círculos más pequeños lucían el nombre de  Agarian I y Agarian II, dando a entender que eran planetas gemelos o que a los adeptos del Munitorum les hacía falta algo de originalidad. 

Sobre índice se marcaba el nombre del sistema solar, Agarian. 

“Si, definitivamente los adeptos de hoy en día son unos vagos”- Pensó el Inquisidor.

El anillo que rodeaban ambos mundos estaba acompañado con el nombre de "ruinas espaciales" cosa que ya habría que tomar en serio, pues parecía que dichas ruinas se trataba de los restos de la flota imperial del sector. 

Amanda se aclaró la garganta, carraspeando y atrayendo con ello nuevamente la atención de Radox, quien posó su mirada de nuevo en la Inquisidora.

-Agarian I es, actualmente, un mundo muerto utilizado por las fuerzas insurgentes de Agarian II- Comenzó la mujer mientras señalaba con una cuidada uña la gran esfera que era aquel planeta- Los traidores parecían contar con ayuda de los xenos del Imperio Tau quien, en tan solo una semana estándar, acabó con la Flota Imperial. El planeta de Agarian II se vio reforzado por regimientos de Thranaron, concretamente el 182ª Mecanizado quienes aniquilaron las fuerzas insurgentes del planeta suavizando así la situación para las PDF- Amanda movió el mapa con un gesto y señalo a un extremo del sistema- La Flota Imperial que llegó junto al regimiento de Thranaron consiguieron expulsar del sistema la flota tau, obligando a la Casta de Fuego y los insurgentes humanos refugiarse en Agarian I- Durante todo ese tiempo Radox yacía sentado, observando como Amanda hablaba como si estuviese recitando una lección mil veces repetida- El caso es que durante los últimos días, como bien sabes, han aparecido Eldars en el sector, provocando así grandes daños en la Armada Imperial y saboteando las fuerzas defensivas de Agarian II. 

Radox asintió, repasando mentalmente el informe que Enkia le había pasado hacia unos minutos, sumando a ello el extenso conocimiento que el poseía sobre dichos xenos.

-Entonces la situación no es excesivamente grave en lo que respecta a los tau, pero me inquieta la presencia eldar ¿Tiene información de dónde fueron avistados exactamente?-Preguntó de forma tranquila, intentando poner su mente a trabajar mientras hablaba.

En ese momento, y casi de forma automática, el holomapa pareció centrarse en Agarian II, mostrando una gran ciudad-fortaleza que parecía estar siendo atacada.

-Los Eldar aprovecharon que la Flota Imperial estaba en tierra para atacarla mientras efectuaban reparaciones- Prosiguió Amanda, un poco más satisfecha con el hecho de que Radox por fin pareciera comportarse con algo de personalidad- El espacio-puerto fue casi totalmente destruido por lo que es imposible que los civiles puedan huir del sector. Las tropas de Thranaron se han visto forzadas a hacer reclutamientos forzados para soportar los ataques por parte de los eldar. Sabemos que están atacando con tremenda seriedad las murallas de la fortaleza, sin casi dejar pausas entre ataque y ataque. Extrañamente no parecen tener intenciones de querer acabar con el lugar o capturarlo.

Radox se quedó quieto, intentando recordar ese tipo de estrategias durante su adiestramiento bajo la tutela de su antigua maestra.

-Desviar la atención...-Meditó Radox dubitativo, ignorando a Amanda mientras buceaba en los recuerdos de su estancia en Ib-Jieith- Los eldars nunca hacen nada sin motivo- Dijo en voz baja mientras examinaba el holomapa de la ciudad-fortaleza- Por lo que veo no se han detectado naves eldar, así que podrían tener uno de sus Portales a la Telaraña en ese planeta-Expresó en un tono más alto. 

Al fin parecía haber algo en lo que realmente podría resultar útil, pues podría afirmar con toda seguridad y sin atisbo de duda que el poseía un conocimiento de los eldar muchísimo más profundo de lo que Amanda abría conocido.

-Así es. Pero eso no importa- Asintió Amanda rodeando la mesa para ponerse frente a Radox, dándole una excusa por fin para levantarse de aquel asiento tan incómodo. La Inquisidora miro a su colega, atravesándolo con sus ojos azules, brillantes y mortíferos como espadas de hielo- Necesitamos tiempo para evacuar la población civil y esperar refuerzos. Los mensajes de ayuda ya han sido enviados y he contactado personalmente con el Administratum de Shenandoah. Aunque a regañadientes nos cederán dos regimientos. 

No serán lo suficientemente rápidos como para responder a la amenaza- Dijo Radox mientras negaba con la cabeza- No llegarán a tiempo antes de que los tau se reagrupen y ataquen de nuevo.

Entonces Amanda sonrió con cierto aire calculador.

-No, no lo harán- Añadió sin perder la sonrisa mientras se volvía hacia el holomapa y lo acercaba a un punto de la franja exterior del sistema- En cambio, se de ciertos Ángeles que, no solo estarán dispuestos a ayudarnos, sino que estarán más que encantados de aniquilar a estos eldar por nosotros y nuestra empresa.

El holomapa se detuvo sobre una gigantesca nave que se encontraba saliendo del espacio Disforme en la zona que indicaba el aparato. No pudo evitar fruncir el ceño y hacer la pregunta que le rondaba la cabeza, aunque ya conocía la respuesta.

-¿Qué tipo de Ángeles?

-Arcángeles, Radox. Arcángeles Rojos.


Capítulo Dos: Almas oscuras de cuerpos puros. Editar

La pantalla de comunicaciones empezó a emitir un agudo pitido acompañado de luces rojas parpadeantes. Cuando la imagen se mostró con cierto tono verdoso por el comunicador y algo de estática se pudo observar el corpulento astartes que inició la llamada. Y para que engañarnos, Meridia se fijó levemente en el cierto atractivo del astartes. 

-Aquí el sargento de los Arcángeles Rojos Árcula, reporten de forma inmediata esta  interrupción de operaciones del Adeptus Astartes.

Olvidando la intrigante belleza de aquel astartes y apartando su vista del voluminoso cabello que este tenía, Meridia se aclaró la garganta, clavó su mirada en el astartes y comenzó a hablar:

-Acólita del Ordo Xenos Meridia Sveta, código se seguridad imperial B-1837f. Estoy tan solo autorizada para informar a los miembros de la barcaza de batalla "Gloria Sanguine". 

Árcula arrugó algo el rostro y sacó dos cosas en claro. La primera es que se trataban de la inquisición, como no apareciendo en el peor de los momentos. La segunda es que el acento de la mujer, el tono de piel claro y el pelo rubio tan solo apuntaba a una cosa: Shenadoah. Así que tras suspirar el sargento afirmó lentamente la cabeza y procedió a contestar:

-Entendido, prepararemos el hangar para recibir las naves.

Acto seguido el comunicado entre ambos se acabó. 


Radox avanzaba por esos metálicos pasillos seguidos de sus acólitos mientras en su mente resonaban dos palabras:Arcángeles Rojos. 

Esos marines eran bien conocidos por sus brutales acometidas y sus victorias inclementes y épicas, reconocidas por todo el Imperio, tal y como todo buen astartes debería hacer.

Sacó eso de su mente cuando sintió la brisa artificial que creaba la puerta al abrirse, mostrando el hangar en el que había aterrizado, en cuyo centro, rodeada de personal técnico y de un caza de combate estaba su lanzadera, cuyos defensores, dos soldados de asalto vestidos con armaduras de caparazón y rifles inferno patrullaban la entrada a la aeronave de forma mecánica y tranquila, casi pareciendo dos guardias más de la nave.

-Bien.-Dijo Radox mientras se acercaba, viendo como los soldados se ponían tensos y formaban junto a la compuerta de entrada de la aeronave.-Decid adiós a esta nave, porque ahora vamos a hacerle una visita a otra.

Dijo mientras sonreía levemente a la par que se introducía en su lanzadera, sintiendo el cambio de los sonidos metálicos de sus pisadas.Ese sonido fue acompañado del de sus dos acólitos y los soldados inquisitoriales, seguido del siseo mecánico de los sistemas de cierre de la compuerta de la aeronave.

Iban a abandonar la Nave Negra.

-Bien, maestro...-Dijo Hocktor.-Deduzco que usted tiene un plan de actuación para esto,¿me equivoco?

Dijo con la seca voz que le proporcionaba su máscara arcana.

Radox sonrió levemente mientras se preparaba para hablar.

-Tenemos ayuda de unos tipos bastante simpáticos...-Dijo con un tono irónico.-Suelen ir con una armadura grande de narices y se tiran todo el santo día rezando..¿quienes son?

Preguntó con un tono jocoso mientras intentaba amenizar el ambiente y reflexionar sobre una cosa que le comentó su colega inquisidora cuando preguntó sobre los astartes, como que estos portaban una Valiosa carga.

Eso no dejó de inquietarle.Normalmente era él el que se guardaba los secretos.

Respiró hondo cuando vio a Enkia levantar la mano rápida, adelantándose a un soldado de asalto, posiblemente uno de los pocos que se habían acostumbrado a la extraña forma de confraternizar del inquisidor con los hombres y mujeres bajo su mando.

-¡Un astartes!

Dijo con un tono de emoción propio de algún concurso de esos de la televisión.Puede que de Contesta con fe imperial...

Radox asintió mientras alzaba la mano izquierda de la acólita con su mano derecha de forma eufórica.

-Tenemos una ganadora.-Dijo mientras bajaba ambos brazos, sin dejar de soltar la mano.-Ahora puedes elegir tu premio.

Dijo de forma jocosa mientras sonrreía.

Entonces llegó lo inevitable.

Ambos se besaron.



Amanda que había partido en una nave distinta que su compañero el inquisidor Radox se dedicó a ignorar la inmensa tensión que la esperaría en la Barcaza. En vez de pensar en todo eso se dedicó a acomodarse en el sillón de la nave tras los pilotos.

Junto a  ella y sentada en otro sillón metálico como el de los pilotos se encontraba la acólita personal de Amanda sirviendo como ayudante. La chica parecía no superar los diecisiete años, cosa que no pareció importar a Amanda. Su tez de piel era blanca como en la mayoría de nativos de Shenadoah. Su tamaño alrededor del metro setenta le hacía una mujer algo mas baja que Amanda la cual medía un metro setenta y cinco. Su pelo rubio estaba recogido en una larga coleta que sobresalía bajo una gorra negra pero de igual forma parecía que la acólita se había peinado para así presentar un flequillo que cubría parcial su ojo izquierdo, azul como un zafiro.  Su delgado cuerpo estaba totalmente cubierto por un uniforme oscuro mas típico en un operario. Los guantes de oscuro y brillante cuero ocultaban sus delicadas manos las cuales parecían no haber ejercido ningún tipo de ejercicio físico en la vida. Unas largas botas de cuero cubrían hasta las espinillas donde el uniforme se introducía dentro de las botas, dando así pues una sensación de que sus pantalones grisáceos estaban mas ceñidos de lo que deberían.  

Amanda cruzada de piernas y apoyada con su mano derecha observó la gigantesca nave de los Arcángeles Rojos la cual se podía observar tras el vídeo protector frente a los pilotos. 

"Gloria Sanguine".. Se repitió Amanda en su cabeza. La verdad es que fuera de la rabia y ira que solía mostrar los descendientes de Sanguinius estos podían hacer grandes creaciones hermosas y casi rozando la perfección. 

Uno de los pilotos se giró mostrando un rostro oculto tras una gran mascara de metal decorada la frente de esta con un signo inquisitorial.-Mi señora, dos minutos para hacer contacto.-

Amanda asintió con la cabeza.

A su lado la acólita jugueteaba con sus dedos nerviosa. Sería una de las pocas personas en el imperio que podría ver de cerca la gloria y el arte de un Hijo de Sanguinius.  En la zona de carga de tropas los guardaespaldas de Amanda enfundaban los mandobles y mazas de energía bajo sus túnicas negras.  Sus armaduras eran totalmente diferentes entre si pues algunas eran doradas como el oro demostrando su descendencia noble mientras que otras eran negras como el ébano, mostrando así su origen de entre las fuerzas mas letales de Shenadoah. 

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