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Como un buen solitario y aburrido hombre que con una mezcla de sentimientos de miedo y soledad empieza un diario, yo empezaré el mio con una presentación para, de forma penosa, dar una introducción para mi propia autobiografía. Soy Ragis, provengo de la Colmena Tarsus, en Escintila del sector Calexis. Por suerte al vivir en la zona baja (mira tu que cosas...) de la colmena no me vi con el problema de la zona media, donde al estar la colmena sumida en grandes pilares hace que esta esté mas vertical que horizontal haciendo una misión difícil el ir caminando. Es curioso ya que lo que mas recuerdo de allí no es a mi familia ni a mi primera amada, si no el insoportable calor y el sol ardiente que solía castigar y hacer estresante la vida.Curiosamente esto fue uno de mis motivos para alistarme, je. ¡Así es!, hoy, día 283.001.M42 yo, el vago y sin estudios Ragis me he alistado en la gloriosa guardia imperial.  En a penas dos horas he sido vestido con este ligero y airado uniforme de tela del regimiento, que por cierto, parece ser que ahora pertenezco al 92º Conscripto de Calexis. ¿Que es conscripto?, parece ser que algo así como recluta, ni idea. Como decía, mi uniforme es de camuflaje, color arena y avellana lo que me hace pensar que vamos a llevar con orgullo el hecho de haber vivido todas nuestras vidas en un desierto. Me han proporcionado unas botas de combate negras que como nota, he de decir que los cordones de la bota derecha son mucho mas cortas que la de la izquierda. Además me han obligado a afeitarme (no niego que no me hiciera falta) y llevar mi pelo en una coleta, la segunda opción era rapar y obviamente me he negado. Añado que he tenido la suerte de ver a dos chicas ser uniformadas con el mismo esquema de uniforme que yo y, con esos cuerpos, bueno, solo espero que seamos del mismo regimiento.


Prologo: Orgullo del desierto. Editar

Habían sido cuatro largos meses de intensa instrucción mental, física y moral. Había aprendido desde empuñar una carabina láser hasta saber cada pieza que la componía. Cosas como curar heridas de bala o cortes se me habían enseñado con el objetivo de tratarme a mi mismo o un compañero en caso de total necesidad. Había aprendido totalmente la jerarquía de nuestro regimiento y yo, como recluta, no era mucho mas que carne de cañón. Así era, aunque ahora yo uniformaba con orgullo el águila imperial y de ser del 92º Conscripto, se me informó que tanto yo como muchos de mis compañeros no duraríamos mucho mas de quince horas en el campo de batalla y al no ser de procedencia guerra o "apta", eramos por lo tanto inferiores a la guardia a imperial. Muchos de mis compañeros, camaradas de mi propia compañía como Amanda, Krist, Karl o Molan habían estado las primeras semanas amargados a sabiendas de que pocos de nosotros sobreviviríamos.  A diferencia de ellos yo aún mantenía mi orgullo y confiaba en mis habilidades de supervivencia básica y instrucción con la confianza de poder sobrevivir. Pero ahora tenía que ignorar estos pensamientos, era la hora de cenar. 

Había sido mi último día de instrucción con armas láser, no era precisamente muy buen tirador pero sabía defenderme. El campo de instrucción al igual que esta base se encontraba en medio del desierto, antaño utilizado como una base para las fuerzas defensivas del planeta ahora era una plaza de instrucción para el regimiento. Era por ello que al estar al aire libre la zona de instrucción estuviese repleta de arena que entraba por culpa de los fuertes vientos, un regalo de nuestro querido "clima". Gracias al Dios Emperador yo ahora andaba por los frescos y anchos pasillos metálicos de la base, los cuales obviamente estaban cerrados para no dejar filtrarse el clima exterior. Las paredes del pasillo no tenían siquiera cristales, seguramente se hizo así para en caso de guerra tener menos puntos vulnerables."Eso era una reflexión táctica" pensé, y de forma orgullosa y sonriendo me crucé de brazos sin dejar de caminar."Quizás yo podría ser un buen oficial" pensé nuevamente, fantaseando ahora con un futuro glorioso, si sobrevivía claro. Finalmente y tras caminar durante un par de minutos mas y cruzar algunos pasillos conseguí llegar hasta la puerta que daba al comedor. Frente a esta y junto a la pared derecha del pasillo pude ver como dos hombres y una mujer conversaban. Al igual que yo llevaban unos uniformes de color arena y avellana con la excepción de que la chica la cual  tenía remangada la camisa, seguramente para mayor comodidad. Uno de ellos aún llevaba el casco del regimiento, un modelo M35 el cual se extendía por los laterales cubriendo gran parte de la cabeza y además llevaba un visor incluido el cual se podía levantar o bajar viniese en gana. Echando una ojeada de pasada a los hombres y, para que engañar, a la cintura de la chica la cual parecía estar mas resaltada por el cinturón negro me pude fijar como el cabello de todos era castaño. Esto era algo bastante normal en Calexis ya que por nuestros genes hacía que la mayoría de nosotros fuésemos de cabellos castaños o rubios, además de tener unos preciosos ojos color miel o avellana y en mi caso tenía el primero. El compañero que aún tenía el casco llevaba tatuada una bandera roja la cual le cruzaban lineas azules y que fácilmente identifiqué como la bandera confederada de Ambulón, una ciudad colmena que tras una revolución consiguió librarse de la nobleza y establecer la república confederada de Ambulón. Suponiendo eso y que hace a penas tres años de esto seguramente este hombre fuese alguno de aquellos soldados confederados, cosa que a la verdad ni me alegraba ni me cabreaba. Simplemente seguí caminando y poniendo sutilmente algo de atención llegué a enterarme sobre algunas de las cosas que se hablaban.

-Si, así es. La comisaria Nerisa nos informó de que nos mandarán auxiliar en una guerra civil en este mismo sector. Veremos que nos espera.- Dijo el hombre del tatuaje que como esperaba por su notable tono muscular era bastante grave. Los otros dos respondieron aliviados de que al fin podrían salir de este mundo árido. 

Curioso por que somos un regimiento procedente de un mundo desierto, según el reglamento del buen imperial cada regimiento suele actuar donde esté especializado. Supongo así que seguramente nos utilicen en alguna campaña en un mundo desértico.  

Al pasar de largo a los guardias y abrir ante mi la puerta metálica pude observar como una gran cantidad de soldados hacían cola esperando recibir su ración diaria. El jaleo de las conversaciones me hacía recordar el Espacio-Puerto, un lugar no muy lejos de mi colmena natal y que normalmente estaba repleto de viajeros, comerciantes y servidores.  Ignorando el barullo provocado por tantas conversaciones a la vez me dispuse a caminar hasta el final de la cola que, obviamente, me tocaría en ultimo lugar. 

Me asomé a uno de los laterales de la multitud viendo la distancia entre la expendedora de raciones y mi posición. Sería un día largo...

Cruzándome de brazos y bajando la mirada empecé a plantearme el modo de operar en este tipo de situaciones. Mi mirada, ahora centrada en el suelo también abarcaba parte de mi cuerpo pudiendo así observar mi chaqueta de un color arena la cual en medidas llegaba hasta las rodillas de mi pierna, haciéndola así una versión mas ligera y cómoda de una gabardina. Un cinturón repleto de cartucheras y soportes para herramientas estaba a la vista al estar colocada al nivel del viente y por encima de su chaqueta.  En unas piernas unas largas botas de lino y de un color marrón ocultaban la mayor parte de las piernas pues estas se extendían hasta las rodillas, haciendo así junto la chaqueta y su longitud una tarea difícil el dejar ver los pantalones.   De igual un guante de color caqui cubría su mano derecha desde los dedos hasta el antebrazo sin llegar al codo mientras que su mano izquierda estaba cubierta por un guantelete hecho de un oscuro hierro negro típico en Calexis.  Gruñendo y apretando los dientes me llevé la mano derecha hasta mi cara para luego con el dedo indice levantar levemente mi sombrero el cual tenía un ala ancha. Mi cabello oscuro estaba caído por atrás de la nuca cubriendo así la zona trasera de mi cuello y llegando hasta los hombros. Acto seguido me llevé mis manos a la cintura y fue el hecho de que el intercomunicador sonara levemente desde el escritorio y a la par haciendo parpadear una luz roja y brillante. Sin duda me giré y caminé hasta el escritorio, presioné la tecla de desbloqueo y dejando que una estática inicial sonara esperé a escuchar el mensaje completo. 



"Inquisidora Victoria, se ha preparado todo para que se infiltre en un regimiento que se enviará al designado mundo objetivo. Tal y como pidió no se ha informado a ningún oficial de su verdadero rango y sus intereses."

Una vez terminada la llamada suspiré y procedí a dirigirme a la puerta, era ahora de demostrar al señor Merith que ella valdría como inquisidora...

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