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(Este artículo corresponde a la serie de roles encontrados en este blog  . Este artículo es una introducción que se irá completando mediante comentarios de los roleadores que participen. Para participar hay que situar en que lugar estaría vuestra gran compañía y el por qué han decidido participar en esta batalla). Se recuerda que cada jugador lleva al señor de una gran compañía y esto se situa a la vez de la caída de Horus, es decir, el inicio de la herejía de Horus donde tan solo los Lobos Lunares y los Portadores de la palabra son los desconocidos herejes. Está en manos de los jugadores decidir si sucumbir al caos o mantenerse leales bla bla bla) 


Guerreros de HierroEditar

Una serie de explosiones seguido por una lluvia de barro y sangre levantado obligó a Meras apartar el barro del visor de su servocasco. Con su vista ahora despejada, comprobó como a kilómetros de distancia sus hermanos de hierro abrían fuego pesado con sus bolter pesado a una serie de figuras negras, alargadas y casi desfiguradas. 

-Escoria alienígena..

Farfulló Meras pues reconoció de forma inmediata la figura de los terribles Hrud, raza con la que se había combatido durante largas semanas. Expulsó el cargador del bolter y introdujo uno nuevo de forma apresurada y echó una mirada a su flanco izquierdo observando como aún dieciséis de sus guerreros de hierro aún se mantenían frescos y preparados.  

-Cuidado donde pisáis y tened las armas listas. Metalus, no apartes la mirada del Auspex y avisa de cualquier anomalía. 

Los guerreros de hierro respondieron casi al unisono a las ordenes. Meras, capitán de la sexta compañía de la doceava gran compañía de los Guerreros de Hierro se limitó a avanzar de forma segura. Bajo sus pasos notaba como la ceniza y la piedra negra se derruía y se fragmentaba 

El avance duró varios minutos y casi sesenta metros fueron recorridos en la marcha de los Guerreros de Hierro. Los subordinados de Meras apuntaban de cuando en cuando a extrañas sombras que se escondían en la oscuridad proporcionada por la infinita oscuridad del manto de cenizas que cubría el cielo.En ocasiones se escuchaban los motores de los vehículos se escuchaban a penas unos cientos de metros, desgraciadamente avanzar hasta estos vehículos de forma apresurada supondría dejar a los hombres de Meras al descubierto de los tiradores xenos. 

-¡Señor!.- Gritó Metalus.-¡El auspex detecta vida!.

Meras se giró apartando la vista del frente y observar al sargento que le llamaba.Antes de inclusive pedir una explicación el suelo que yacía bajo los pies de los guerreros de hierro se redujo a poco masque polvo haciendo caer todos por varios metros.  Pasaron varios segundos hasta que Meras cayó al suelo  notando el escaso dolor de la caída pues la servoarmadura protegió de forma eficaz del dolor. Alrededor de el la oscuridad se ceñía y los guerreros de hierro a penas podían ver a mas de un metro de ellos mismos. 

Formando en circulo, los guerreros de hierro se pusieron espalda contra espalda de forma inmediata para intentar repeler cualquier tipo de asalto.

-¡Metalus!,¿¡que marca el auspex!. 

Ordenó a gritos Meras pero tan solo un golpe seco contra el suelo respondió. Tras mirar el lugar de la procedencia del golpe observó como el sargento cayó al suelo, aterrorizado, Meras vio como su armadura estaba totalmente destrozada, oxidada y con un aspecto polvoriento.  Notó como arriba de ellos una serie de figuras negras apuntaban hacia ellos con extrañas herramientas alargadas las cuales parecían emitir un ruido sordo. 

Arriba!.- Gritó Meras a la par de señalar a los Hrud.-¡Acabad con la escoria xeno, por Perturabo!.

Los guerreros de hierro apuntaron sus armas contra los xenos para abrir fuego con sus armas bolter. Los proyectiles explosivos impactaron y mutilaron a los Hrud que no fueron lo suficientemente rápidos como para evitar el contraataque de los marines espaciales. El tiroteo, que fue breve, acabó con la muerte de los tiradores Hrud quienes habían conseguido acabar con dos Guerreros de Hierros mas utilizando sus armas de control de moléculas, una poderosa arma que hacía envejecer cualquier cosa hasta el punto de convertirlo en poco más que basura. Por ello, los guerreros de hierro caían al suelo cuando sus músculos y huesos se quebraban al no poder soportar el peso oxidado de sus servoarmaduras convirtiendo así a los Hrud en temibles enemigos. 

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