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-Qué pequeño se ve. Y qué bonito.

 Por primera vez en su vida, Kel'tion no tenía ganas de hablar. Contemplaba desde una cristalera en la nave cómo su planeta natal se alejaba poco a poco. Lo veía todo: el grande y verde continente que suponía unas nueve décimas partes del territorio habitable del planeta, con sus montañas, bosques y fortificaciones tribales; los pequeños archipiélagos de islas inexploradas, tan salvajes y vírgenes que ni los propios exoditas se habían atrevido a aventurarse; la vasta extensión de desierto al sur del continente, que era el centro de toda la energía psíquica planetaria, únicamente habitado por unos pocos y ancianos guardianes encargados de conservar en buen estado los Monolitos cristalinos en los cuales fluía el mundo espiritual... Una hermosa vista.

 -Sí -fue la única contestación que recibió de Haros, su maestro y ahora compañero de viaje, que estaba de pie a su lado, mirando al planeta. Un extraño fulgor brillaba en sus ojos mientras veía alejarse la atmósfera de Sùri-en-

 -Tú has viajado mucho, Haros. Habrás visto planetas tan bonitos como el mío, o más -dijo finalmente Keltion cuando el planeta solo era un pequeño punto a lo lejos-.

 -He visto planetas hermosos, cierto. Pero creo que nunca uno tan bello -el humano seguía contemplando el espacio infinito, con una media sonrisa en la cara. Sin embargo, en un segundo su expresión pasó de ser feliz y ligeramente nostálgica a seria y turbada-. Kel'tion, tenemos que hablar.

 Al observar la actitud de su mentor, Kel'tion también se puso serio.

 -¿Ocurre algo?

 Por primera vez desde que se habían embarcado en aquella nave comerciante, Haros miró al chico a los ojos.

 -Verás, Kel'tion... No sé muy bien por dónde empezar. Nunca se me ha dado bien hablar de mi pasado.

 El exodita se relajó y una sonrisa divertida asomó en las comisuras de su boca.

 -Uf, por un momento me has preocupado. Pensaba que me ibas a decir que te morías o que no podríamos viajar demasiado. Bueno, ¿qué me vas a contar primero, lo de los robos o lo de los asesinatos? ¿Tal vez los sabotajes?

 Haros se quedó tan perplejo durante unos segundos que a Kel'tion le entró la risa. 

 -¿Có...cómo...? 

 -¿Que cómo sé esas cosas de las que solías hablar con mi padre en la "intimidad" de sus aposentos, cuando cogísteis confianza el uno con el otro -preguntó el joven arqueando una ceja-?

 El maestro recobró la compostura y se relajó un poco.

 -Entonces sabes la mayor parte. ¿No te parezco despreciable?

 Kel'tion fingió seriedad.

 -A mi forma de ver, si alguien quería ver muertos a los objetivos que tú mataste, algo habrían hecho. Además, estoy seguro de que nunca robarías a alguien que estuviera necesitado, un pobre o algo por el estilo -dijo mientras comenzaba a sonreír de nuevo-. Es decir, no tienen mucho que robar. Sería una pérdida de tiempo y esfuerzos.

 Haros sonrió también.

 -Esas no fueron exactamente las palabras de tu padre, pero... Sí, opinaba algo parecido.

 -Estupendo. De todas formas, tampocó lo sé todo. Podrías empezar contándome dónde aprendiste a... Bueno, a ser lo que eres. Y tal vez podrías llevarme allí.

 La sonrisa desapareció del rostro de Haros durante unos instantes, para luego volver a aparecer con más ánimo que antes, junto a un fiero resplandor en sus ojos.

 -He ansiado y temido a partes iguales este momento. Pero creo que ahora estás listo -se interrumpió para tomar una respiración profunda, y entonces comenzó a hablar con su voz de narrador-. Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana...

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