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Las botas de combate repiquetearon insistentemente contra el suelo de mármol del Palacio del Alto Mando. Un servidor de limpieza se acercó demasiado, y la coronel Bae lo apartó de un empellón. Sus músculos, reforzados por los implantes internos y los tratamientos químicos de acrecentamiento, derribaron al pesado autómata, que golpeó el suelo con estrépito. Los funcionarios, oficiales y servidores que había alrededor se apartaron aún más del camino de la coronel. Eneria Bae hizo caso omiso de los guardias ceremoniales de la Guardia Adamantina, que intentaron cortarle el paso hacia la cámara del Alto Mando y abrió las gigantescas puertas de ceramita, cargadas de imágenes en relieve. Las dos hojas de la puerta produjeron un sonido grave y alargado mientras se separaban. Eneria entró en la cámara, una sala circular, enorme y abovedada, cuyo techo se encontraba a cincuenta metros sobre el suelo. La impresionante bóveda estaba decorada con una compleja imagen holográfica policromada de San Adrastos en su última batalla contra la horda de Vaathor.

Seis guardias adamantinos se acercaron para cortarle el paso, tres por cada lado, en perfecta formación, avanzando al unísono con sus fusiles láser en alto, bayonetas caladas. Eneria no quería perder el tiempo con ellos, como no había querido perderlo con formalidades. Cuando la formación de guardias ceremoniales se cerró frente a ella, tumbó a los dos del centro con movimientos rápidos y extremadamente ágiles. Los dos hombres cayeron pesadamente , arrastrados por el peso de sus robustas y ornamentadas armaduras.

Los guardias que estaban formando a los lados de la sala prepararon los fusiles láser y avanzaron al unísono, cercando paso a paso a la coronel en el mismo centro de la sala. Eneria cerró los puños. No tenía tiempo para eso.

- ¡Alto!- La poderosa voz del Lord General Ulrik retumbó en la sala mientras él se levantaba de su trono, tras el colosal estrado de obsidiana pulida, decorada con una gigantesca aquila dorada en su centro- Que la guardia vuelva a sus puestos. Exigo saber a qué se debe esta brusca visita, coronel.

Eneria realizó una sutil y respetuosa reverencia mientras los sonidos metálicos de los pasos de la Guardia Adamantina indicaban la retirada de los guardias ceremoniales. Los estandartes que se alzaban majestuosamente tras el estrado parecieron estremercerse tras la orden del Lord General. Los oficiales de alto rango que se sentaban junto a Lord Ulrik en el estrado se removieron inquietos en sus tronos. Algunos se inclinaron hacia adelante con interés.

- El inquisidor Thurr tenía razón- Eneria habló sin florituras, con su tono carismático y fuerte- Cynus está en peligro.

- ¿Por el Imperio Tau o por los seccesionistas, coronel?- Comentó, burlón, uno de los oficiales.

- El inquisidor Thurr nos advirtió de las fuerzas del Caos, general Grinson- Replicó ella- Estoy al corriente de la invasión xeno.

Un murmullo recorrió a los oficiales del estrado. Incluso los guardias ceremoniales se miraron entre ellos durante un segundo. Una mujer se levantó, vestida con un uniforme carmesí cargado de medallas y cordones dorados.

- Creí que era una fuerza escindida de otra más grande, coronel Bae. Los informes indicaban una presencia mínima.

Eneria dio un paso adelante y señaló con un dedo acusador a la general.

- ¡No era una fuerza escindida, general!- Exclamó- Era una flota de reconocimiento. ¡Y la flota de invasión llegará en breve!

El murmullo ascendió hasta convertirse en una discusión en voz alta. Algunos insultaron a la coronel Bae, otros recordaron a sus colegas generales que, en algún momento, les habían advertido sobre esto. El Lord General tuvo que poner orden con su imponente voz.

- Si no he entendido mal, coronel, la flota de invasión aún no ha llegado, ¿Cierto?- Al asentir Eneria, él prosiguió- ¿Cómo sabe eso entonces? 

- Asuntos del SICOM, Lord General- Explicó ella- Encontramos un destacamento de tropas del Archienemigo en la perifieria de Cynus. Habían aniquilado a la población de una de las regiones. Estaban allanando el camino. 

- ¡Exigo saber entonces por qué no se ha informado al Alto Mando de esto!- Saltó uno de los generales, que fue reespaldado por muchos de sus compañeros oficiales.

- Un mensaje puede ser interceptado, y no sabemos cuantos destacamentos de avanzadilla más hay en Cynus. Aún estamos a tiempo de reaccionar.

Los generales estallaron de nuevo, y Lord Ulrik tuvo que poner orden una vez más. 

- Esta amenaza no puede quedar sin respuesta- Los miembros del Alto Mando gruñeron en señal de aprobación- Coronel, prepararemos una fuerza de respuesta de inmediato. Contar con la ayuda del SICOM será primordial. La necesitamos con nosotros, coronel.

Eneria esbozó una sonrisa seca.

- Mis hombres ya están en camino.

Capítulo unoEditar

Los helechos se sacudían y los troncos de los árboles estallaban a medida que las ráfagas de proyectiles se internaban en la jungla. Varios incendios se habían creado por el fuego láser, y los proyectiles de morteron hacían saltar pedazos de árboles y surtidores de tierra, creando pequeños claros en el océano verde que se extendía frente a la línea defensiva. 

La ametralladora pesada doble emitió un chasquido repetido cuando se quedó sin munición. Los cañones, casi al rojo, humeaban profusamente.

- ¡Eh! ¡Más munición!- Exclamó el cabo Nakon, extendiendo una mano.

Uno de sus compañeros de escuadra el pasó una caja de proyectiles calibre .50 antes de volver a abrir fuego con su rifle láser por la aspillera del búnker. Nakon recargó la ametralladora y amartilló el arma con un chasquido metálico. Volvió a abrir fuego, en ráfagas largas y amplias. Las balas se perdieron en la jungla, dejando una fina estela de humo a su paso.

Era la primera vez que entablaba combate en el planeta. Los tronianos eran los que se habían ocupado de la lucha en primera línea. Nakon y su regimiento simplemente habían ocupado las posiciones conquistadas y escoltado los convoyes de suministros. Nakon aún no había visto al enemigo cara a cara, más allá de algunas pictocapturas que habían tomado los tronianos.

Pero ahora estaban bajo ataque por un número desconocido de enemigos, y se rumoreaba que los tronianos habían sido aniquilados. Nakon no quería imaginarse qué clase de fuerza había sido capaz de destruir por completo un regimiento de diez mil hombres con apoyo blindado. Fuera lo que fuese, se temía que estaba a punto de descubrirlo. 

Un rugido escalonado sacudió el búnker cuando una larga serie de llamaradas surgió de entre los árboles a casi un kilómetro de la línea defensiva imperial. Los obuses cayeron con un silbido sobre los búnkeres y barricadas blindadas, llevándose por delante a decenas de guardias imperiales. Algunos búnkeres quedaron reducidos a escombros, otros se derrumbaron parcialmente. 

- ¡Ya están aquí!- Gritó alguien por la radio.

Acompañados de un estremecedor grito de guerra, miles de soldados surgieron de la jungla. Nakon distinguió uniformes negros y armaduras rojas, rematadas con pinchos, cadenas y adornadas con blasfemos símbolos dorados. Escuadrones de bípodes Sentinel armados con cañones automáticos y pequeños grupos de transportes blindados de tropas encabezaban la marcha. Una nueva descarga de artillería cayó sobre los laxianos.

Los transportes blindados, alargados y robustos, con un portón en la parte trasera y pala excavadora en la frontal, decorada con pinchos y cuchillas, avanzaban pesadamente, lanzando ráfagas con las torretas de cañón automático. Algunos llevaban estandartes raídos, coronados por manojos de calaveras pendiendo de cadenas o símbolos impíos fabricados en bronce. Algunos fueron destruidos o inmovilizados por los misiles de los laxianos.

Los escuadrones de bípodes iban a la cabeza de la fuerza enemiga. Sus cabinas habían sido personalizadas de manera muy heterogénea, pero todos portaban símbolos en común. Una unidad de Sentinels se adentró en el interior de la línea defensiva pasando por encima de uno de los búnkeres derribados, sembrando la muerte y la confusión entre los defensores imperiales hasta que fueron destruidos por un escuadrón de tanques Sagittarii que se apresuró a cubrir la brecha. 

El cielo pareció estremecerse cuando las aeronaves lo surcaron, rugientes, dejando estelas de humo rojo a su paso. Los cazas caóticos, cuyas cabinas tenían la forma de la cabeza de un dragón con las fauces abiertas, chocaron con la aviación imperial y las defensas terrestres. En ambos bandos se produjeron de inmediato numerosas bajas tras el intercambio de disparos. Los rayos láser atravesaban cabinas y fuselajes, los cañones automáticos tronaban y las defensas antiaéreas perseguían a los cazas caóticos, cuya agilidad llevaba al extremo la capacidad de los cogitadores de combate. 

- ¡Dios Emperador!- Gritó Laak, un compañero de Nakon- ¡Mirad eso!

Una bestia gigantesca había aparecido de la jungla, dejando un rastro de árboles destrozados. Cargaba hacia la línea defensiva a cuatro patas, que hacían retumbar el suelo como descargas de artillería. Su cuerpo, mitad máquina mitad orgánico, estaba erizado de púas y cuchillas metálicas, y los símbolos heréticos estaban tanto tallados en el acero como marcados a fuego en la dura piel roja. La cabeza, rematada en una serie de cuernos metálicos, poseía dos pares de ojos situados uno encima del otro y que brillaban con un furioso fulgor ámbar. Los dientes y colmillos eran tan largos y afilados como espadas, y muchos de ellos estaban serrados. 

De su hocico surgía una humareda retorcida e intermitente, como si respirase con fuerza, y cabezeaba de vez en cuando, haciendo que las cadenas que colgaban de su mandíbula y garganta saltaran de un lado a otro frenéticamente. Sus enormes y amenazadoras garras, de nudillos rematados por pinchos, dejaban grandes hendiduras en la tierra a medida que ganaba terreno a gran velocidad. Los disparos láser y los proyectiles rebotaban en su armadura o dejaban inofensivas abolladuras en el retorcido acero.

- Madre mía...- Musitó Nakon, que se había quedado mirando a la bestia sin darse cuenta. 

Mientras los caóticos avanzaban bajo el fuego imperial, algunos cazas se estrellaban contra el suelo como bolas de fuego, dejando rastros de llamas y piezas de metal humeante. El combate aéreo estaba siendo furioso. 

Una granizada de fuego láser cayó sobre el búnker de Nakon, pasando algunos de los disparos por la aspillera. Un rayo de energía estuvo a punto de darle en la cabeza, haciéndole agacharse. Apretando los dientes, Nakon siguió disparando en ráfagas largas y amplias hasta que vio al grupo de soldados que  les estaba acribillando. Giró la ametralladora pesada y disparó contra ellos. Los cartuchos vacíos salían en cascada del arma y repiqueteaban contra el suelo. De los siete soldados, dos cayeron con la primera andanada, y otro más cuando Nakon abrió fuego de nuevo, antes de que se cubrieran y quedasen fuera de su alcance. 

- ¡Tragad, cabrones!- Gritaba Nakon mientras volvía su fuego contra otro grupo de enemigos.

Iba a gritar algo más, pero se quedó mudo cuando vio a la gigantesca bestia destrozar con sus puños uno de los búnkeres, así como a sus ocupantes. El rococemento se quebró como si fuera papel, y los cuerpos qeudaban destrozados e irreconocibles. El polvo y los trozos de carne quedaron pegados a la sangre que empapaba los puños del engendro, que rugía, victorioso y desafiante. 

- ¿Qué cojones es eso?- Gritó alguien, agitado.

- ¡Calla y sigue disparando!- Le espetó Nakon. 

Oía rugidos y disparos de cañón de batalla en el lugar donde estaba la bestia. Probablemente los Sagittarii lo estuvieran combatiendo, pero Nakon no sabía si los carros de combate podrían con la criatura. El estruendo posterior le indicó que estaban teniendo problemas para contenerla.

Una nueva descarga de artillería sacudió los árboles de la jungla, y los obuses embistieron los búnkeres imperiales con furia. El rococemento y los refuerzos de ceramita salieron volando por los aires junto a miembros destrozados y cuerpos mutilados. Uno de los proyectiles destrozó la parte superior del búnker de Nakon.

Tosiendo por el polvo y saliendo a trompicones del destrozado búnker, Nakon se topó con Laak, que le lanzó un rifle láser que atrapó al vuelo. Retiró el seguro y se volvió justo a tiempo para encontrarse con un soldado caótico que pasaba por encima de los restos del búnker. Dos disparos le impactaron de inmediato en la placa pectoral, partiéndosela, y otros dos le dieron en la rodilla derecha y el hombro izquierdo, respectivamente. Mientras el herido caía al suelo, otros tres ocuparon su lugar, lanzando gritos de guerra y disparando sus rifles láser. 

Uno de los compañeros de Nakon cayó al suelo con la garganta perforada en el furioso intercambio de disparos. Hincando la rodilla en el suelo y encarando con la mira de hierro a uno de los soldados enemigos, Nakon apretó el gatillo y el rifle láser escupió una descarga de energía. Dos disparos impactaron en la cara del hereje, que cayó de espaldas con el rifle aún disparando. Apuntó a otro que acababa de aparecer junto a otros dos y le descerrajó un disparo en el estómago y otro en el pecho, que no logró superar su peto. Una rápida ráfaga de tres disparos acabó de derribar al caótico. 

Laak cayó al suelo con un grito cuando un rayo láser le atravesó el muslo. Otro soldado laxiano fue derribado por las ráfagas de los soldados enemigos, que cada vez eran más. Mientras Nakon se apresuraba a colocarse junto a Laak para cubrirle, el capitán Legask llegó flanqueado por cuatro soldados de la compañía E.

- ¡Manteneos firmes, los refuerzos están en camino!- Gritó el oficial, disparando su rifle láser.

- Pues como tarden mucho lo que necesitaremos será un destacamento de enterradores- Gruñó Nakon.

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- Granadero a D-6. Jaque.

- Tirador a E-6. Despídete de tu granadero.

- Bien jugado, nenaza- Gharam pulsó un botón del tablero de regicida y la figura holográfica de su comisario se desplazó unas casillas- Comisario a D-8. Jaque mate. 

Varz gruñó al ver como el pequeño comisario holográfico partía en dos a su comandante de un sablazo. Aplaudió de manera sarcástica y miró a Gharam, que le sonreía con suficiencia. 

- ¿Otra partida?- Ofreció él, burlón. 

Varz le hizo un corte de mangas. Gharam rió mientras apagaba el tablero hololítico y lo guardaba en su mochila de combate, bien protegido junto al botiquín y las raciones. Cerró la mochila y la dejó de nuevo a sus pies. Varz le ofreció una vara de Iho, y la aceptó con un cabeceo agradecido.

- Joder- Dijo tras dar la primera calada- Un Valiant. Hace que no fumo de éstos...

- Es fácil robárselos a la tripulación.

Gharam rió entre dientes y le dio una palmada en el hombro al soldado. 

- Te estás integrando bien, chaval- Dio otra calada más- Espero que no te maten ahí abajo.

El joven palideció y miró a Gharam. Iba a decir algo, pero unos pasos le interrumpieron. El sargento Velan entró en la Valquiria. Gharam y Varz se levantaron al unísono para saludar. Su equipo tintineó.

- No asustes al muchacho, Gham- Dijo él mientras se sentaba- Bastante tiene con lo que le espera.

Gharam y el oficial estallaron en risas.

- Te estamos tomando el pelo, Varz- Le tranquilizó Gharam- Has entrado en los Alas Rojas. Estás preparado para todo.

- Y si no lo estás, lo descrubiremos pronto- Velan rió por lo bajo.

Gharam se inclinó hacia adelante, apoyando los antebrazos en las rodillas. Estaba más serio.

- ¿Está caliente el asunto ahí abajo, sargento?- Preguntó.

Velan asintió, cruzándose de brazos.

- Una invasión a gran escala. Claro que está caliente. 

Gharam asintió, valorando la información y recordando los datos que les habían dado durante la sesión informativa. Las fuerzas imperiales del planeta estaban contra las cuerdas, rodeadas y asediadas. No se explicaba como podían haber sobrevivido tanto tiempo sin refuerzos. De una cosa sí que estaba seguro: los laxianos estaban pasando por un verdadero infierno.

En los informes se mencionaba la aniquilación o destrucción parcial de varios regimientos, y una fuerza de invasión apabullante. La Armada Imperial apenas podía mantenerse en la feroz refriega en la que estaba enzarzada con la flota invasora, y varias naves de refugiados que habían ido a Alcuria para estar a salvo fueron destruídas o seriamente dañadas durante los primeros instantes del combate. Gharam sabía que la situación era desesperada. Todos lo sabían.

Las tropas imperiales en Alcuria eran mayormente laxianas. Laxis era conocido por proporcionar excelentes regimientos de infantería regular a la Guardia Imperial, y Gharam estaba impresionado frente a la tenacidad y el coraje de los laxianos. Mantenerse firmes en una situación así no hacía sino reforzar la reputación de las tropas de Laxis. 

En los informes de situación proporcionados por el Departmento Tacticae y el Monitorum también se mencionaba a unos pocos regimientos tronianos y un destacamento de Amazonas de Andrómaca formado por unas veinte mil integrantes, aproximadamente. No se sabía qué había sido de ellos, pero se tenía constancia de la destrucción del 456º de Infantería Troniana y del 89º Mecanizado Troniano, así como un índice de bajas desorbitado entre el 543º de Infantería Troniana. Se había perdido el contacto total con el 54º Acorazado Troniano, y con casi un cuarto de las amazonas.

La fuerza de liberación estaba compuesta por un buen número de regimientos de la Guardia Imperial, veteranos, en su mayoría, así como una ingente cantidad de personal de apoyo del Adeptus Mechanicum, del Departmento Monitorum y otras tantas respetables organizaciones imperiales.

Entre los regimientos de la flota de liberación se encontraban cuatro de origen salerita. Uno de ellos era el de Gharam y su unidad, el 67º de Tropas de Desembarco Saleritas. Saleris era el hogar de multitud de regimientos de tropas de desembarco de élite, pues era un mundo opulento y con estrechos lazos con el Adeptus Mechanicum, por lo que sus tropas contaban con un equipo excelente y poco fecuente.

En la mayoría de regimientos saleritas había una compañía de veteranos y soldados de élite, a los que se denominaba Alas Rojas, y que se encargaba de las misiones más peligrosas y dedicadas. Gharam y su escuadra pertenecían a una de estas compañías.

- ¿Dónde carajo están Emil y Luna?- Preguntó Velan, con un atisbo de enfado en su voz- Estamos a dos minutos de iniciar el desembarco.

Varz se encogió de hombros. Gharam lanzó al suelo su vara de Iho, consumida, y la pisó.

- Estarán echando un polvo.

Varz rió por lo bajo, pero se calló cuando se dio cuenta de que hablaba en serio. Velan gruñó.

- Como no estén aquí en treinta segundos voy yo mismo a por ellos.

Exactamente doce segundos después empezaron a oír unos apresurados pasos, y los dos soldados entraron jadeantes en el Valquiria. Saludaron de manera apresurada y un tanto torpe, y, conscientes de su retraso, se mantuvieron en posición de firmes, esperando a que Velan les ordenase sentarse.

En lugar de reprenderles, el sargento dio unos golpecitos en el reloj de bolsillo que llevaba dentro de uno de sus portaequipos. Mientras lo guardaba, habló con una tranquilidad que intimidó a Emil y a Luna.

- ¿Sabéis cuanto queda para que nos larguemos?- Velan cerró el portaequipo con el botón magnético.

- Señor, nostros...- Empezó Luna.

- Para que bajemos a ese infierno- Cortó él- Donde espero de todo corazón que lo paséis lo peor posible, y que os quedéis por el camino, dos metros bajo tierra. ¿Sabéis cuánto queda?

Los dos soldados estaban pálidos y tensos. Negaron con la cabeza. Varz y Gharam contenían sus sonrisas.

- Un minuto. Un jodido minuto.

Luna tragó saliva y se adelantó un paso, con el casco en el brazo.

- Señor, asumo toda la responsabilidad.

- ¿Le hiciste la tijera y no le soltaste hasta que acabaste?- Replicó él, levantando una ceja- Eso explicaría el retraso.

Gharam y Varz se pusieron sus cascos de combate y bajaron los yelmos para poder reírse a gusto sin que Emil y Luna les vieran. Habían paso de estar lívidos a ruborizarse visiblemente, y tragaban saliva con dificultad. Velan les sostuvo la mirada durante unos segundos, deleitándose en el mal rato que les estaba haciendo pasar. Al fin, les indicó con un gesto que podían sentarse, y estalló en carcajadas. Varz y Gharam levantaron sus yelmos, riendo también.

- Eso ha sido cruel, sargento- Murmuró Emil, apartando la vista. Él y Luna estaban tan rojos como la luz interior del Valquiria.

- Y lo vuestro extremadamente estúpido. ¿Cómo se os ha ocurrido retrasaros así, maldita sea?

Las puertas del Valquiria se cerraron, y los cinco soldados se sacudieron cuando la aeronave empezó a despegar, y con ella, las miles de naves de transporte que había en el hangar. Velan señaló las puertas.

- ¿Veis?- Su tono era severo- Confío en que no se vuelva a repetir, o pediré al comisario Tergar que tome medidas disciplinarias. ¿Comprendido?

- Comprendido- Musitaron los dos antes de ponerse los cascos.

Gharam observó de manera involuntaria el rostro de Luna antes de que su yelmo se cerrase. El pelo, corto y plateado, le quedaba aplastado por las protecciones interiores del casco. Sus ojos le miraron antes de quedar ocultos. Eran de un azul eléctrico, y llamaban la atención. Su boca, de labios carnosos, estaba oculta por el casco. Luna era guapa, todos los que la habían visto coincidían en ello. Gharam envidiaba un poco en su fuero interno a Emil.

Él era el artillero de apoyo del equipo, un hombre alto y fornido de potente musculatura y en un óptimo estado físico. Llevaba el pelo rubio corto, y sus ojos castaños daban una sensación de seguridad y calidez que era irresistible para muchas de las soldados del regimiento. Emil se había ganado el sobrenombre de El gigante amable por su actitud cercana y protectora. No era el miembro más inteligente ni sagaz de los Alas Rojas, pero manejaba como nadie las armas pesadas, y tenía un verdadero historial de proezas en combate a sus espaldas.

Gharam y él eran buenos amigos, y habían entrado al mismo tiempo en los Alas Rojas, pero Gharam era abisalmente distinto a Emil. Era castaño, y gustaba de llevar el pelo corto por los costados, recogido el resto en una coleta a la altura de la nuca. Sus ojos eran de un azul intenso, y tenía un puñado de pecas esparcidas por la nariz y las mejillas. No era tan imponente físicamente como Emil, pero aún así estaba en muy buena forma.

- Aquí Puppeteer- Dijo la voz de la teniente de inteligencia Cora Hischliff por el canal de radio. Los microcomunicadores de los cascos de la unidad reprodujeron su voz- Romeo dos, confirmen que me escuchan.

- La escuchamos, teniente- Confirmó Velan. 

- Alto, claro y sexy, señora- Bromeó Gharam.

- He enviado las órdenes del mando y algunos mapas a vuestras placas de datos. Deberían llegaros en breve, Romeo dos- Informó la oficial, haciendo caso omiso de Gharam- Os he adjuntado algo de información sobre el enemigo. Toda la que tenemos que no está clasificada, para ser exactos.

La placa de datos de Gharam, sujeta a una carcasa rígica en la placa de caparazón de su muslo izquierdo, parpadeó. La sacó y activó, y procedió a revisar los archivos recibidos. Hischliff les había enviado una breve lista de objetivos y advertencias, un conjunto de mapas electrónicos y unos cuantos informes sobre las tropas enemigas, con recomendaciones redactadas por tácticos de la flota de liberación. Éste último elemento había sido enviado a todas las unidades imperiales desplegadas.

- Lo tenemos, teniente- Velan también revisaba su placa de datos- ¿Tenemos apoyo?

- Suministros básicos desplegados por paracaída gravítico- Explicó la teniente- Y Romeo tres y cuatro. 

- ¿Y adónde va el resto del pelotón entonces?

- No muy lejos. Hay varios puntos que asegurar. 

- Recibido. Gracias, Puppeteer.

- Suerte ahí abajo. Corto y cierro.

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Miles de aeronaves entraron en la atmósfera de Alcuria como un agitado enjambre de insectos. La mayoría eran Valquirias, que transportaban a los saleritas, pero también había lanzaderas Arvus que cargaban con suministros y equipo, cazas-escolta Thunderbolt y un puñado de cañoneras tipo Vulture saleritas. El resto de tropas imperiales viajaban en grandes y robustas naves de carga Anchora, y en transportes pesados Kestrel, con capacidad para cien soldados y su equipo, que también cargaban con carros de combate. Varios escuadrones de bombarderos clase Marauder viajaban acompañando a las naves de transporte. Un pequeño grupo de Vultures y lanzaderas Aquila pintadas de negro transportaban a los agentes del SICOM que habían sido asignados a la fuerza de liberación.

El enjambre de acero surcó los cielos, sobrevolando los yermos del continente norte de Alcuria, y fue fragmentándose poco a poco a medida que los escuadrones se dividían para ir a sus respectivos destinos. No pasó mucho tiempo hasta que los cazas caóticos acudieron a hostigar y derribar las aeronaves. 

Docenas de cazas carmesíes, con cabinas color bronce y en forma de cabezas de dragón, hendieron el aire, dejando estelas rojas a su paso. Las naves escolta imperiales se adelantaron para plantarles cara. Se enzarzaron entonces en un intenso combate mientras las naves de transporte maniobraban para evitar el intercambio de fuego y a los aparatos enemigos, que en ocasiones se retiraban del combate contra los Thunderbolt para acosarlas. 

De las fauces abiertas de las cabinas caóticas surgían las llamaradas de las ráfagas de los cañones automáticos que tenían dentro. Los Thunderbolt respondían con nutridas andanadas y descargas láser, pero el combate no cesaba, ni los aparatos caóticos hacían ademán de retirarse.

Una vez dejaron atrás a los combatientes, los transportes aéreos se dividieron en escuadrones y se dirigieron a los lugares que se les habían asignado. El Valquiria de Gharam se sacudió por las maniobras evasivas que había empezado a hacer cuando las defensas antiaéreas de un bastión caótico abrieron fuego. Varios transportes y cañoneras atacaron el bastión y desplegaron tropas para invadirlo. Gharam y su escuadra pasaron de largo.

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